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UNA APUESTA Desde que en cumplimiento de una orden gubernativa se cerró en La Peña la estancia donde á diario funcionaban de los juegos ilícitos las mesas, del Círculo el bulíicio y la alegría trocáronse en silencio y en tristeza los socios, antes rientes y parleros, de la disposición á consecuencia andaban cabizbajos, taciturnos, como aquel á quien ahoga alguna pena, y en las butacas del fumoir tumbados pasaban noche y día horas enteras dormitando indolentes ó leyendo los ecos cotidianos de la Prensa. Se aburrían los pobres grandemente. Una noche de Abril, tibia y serena, asomados se hallaban varios de ellos á un balcón que mira á una callejuela maldiciendo del Poncio gobernante y de su rectitud é intransigencia, cuando un cierto vizconde muy travieso: Señores- -exclamó, -tengo una ide: para poder jugar impunemente, sin temor al Catón que hoy nos gobierna. Ni un alma, como veis, en este instante pasa por la calleja; pues bien, unos contra otros apostemos á si será varón ó será hembra el primer ser humano que la pise. ¿Qué os parece? ¿Se acepta la propuesta? Una salva de aplausos y de bravos acogió la ingeniosa y chusca idea; aumentaron en número los socios, se hicieron en seguida las apuestas, y... á esperar que pasase un transeúnte se aprestó la ya alegre concurrencia riendo á más y mejor y armando bulla. Media hora transcurrió, luego otra media, y nadie, ni una mosca aparecía; algunos demostraban ya impaciencia. IJc pronto, de un farol que Había en la esquí la titilante luz amavilleuta, i I ji un cuerpo humano proyectó en el suelo ombra, que, en confusa masa negra, definir su sexo se detuvo, xpectación haciendo más intensa los que en el balcón ya fatigados él estaban una hora hacía en espera, almente avanzó y i entró en la calle! scribir no es posible la sorpresa los socios del Círculo al hallarse un ser tan singular en la presencia, más raro jamás la mente humana cebirlo pudiera. era hombre ni mujer, y era ambas cosas I, vez, pero en tan horrible mezcla, uno de esos abortos parecía en ocasiones da Naturaleza ue asombran al par que espanto infunden risa mueven y nos causan pena, su estupefacción saliendo al cabo, ordaron los jóvenes su apuesta, una importante cantidad sumaba, ue urgía, por tanto, resolverla, este objeto marcharon en seguida fenómeno en busca dos parejas, el encargo de inquirir si en él dominaba él macho ó bien la hembra, indo á poco supieron indignados socios de La Peña de Hablaneda, era aquel monstruo horrible una muchacha i vestía a l a usanza ó moda nueva nada allá, en París, la jupe- culotte, liaron la apuesta eunidos en Junta extraordinaria rdaron en ella larar marimachos, seres neutros, Llantas hijas de Eva iesen la ridicula, horrorosa xtravagante, prenda, omo tales condenar á todas Dltería perpetua. cusado es decir que fué un fracaso Falda- pantalón en Hablaneda. ViCTOEíANo ESCALANTE. De nuestro Concurso. I- cma: Sirvc?