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ij -i V I l AbAR D b LA IIAWV F u é Ruiz á una población, llamado con insistencia, á dar una conferencia sobre Ir. murmuración. Y cuando llegó al Casino todo el pueblo le aguardaba. Es decir, que no faltaba siquiera un solo vecino. Comenzó or saludar á toda la concurrencia, y fiado en su elocuencia así empezó á disertar -S e ñ o r e s es mi deseo hacer que en la población cese la murmuración. ¿L o lograre? Así lo creo. Da tristeza contemplar cómo las habladurías imperan en nuestros aias. No me lo podréis negar. Se habla mal del compañero, del amigo, del actor, del médico, del pintor, del vecino y del portero. L o mismo á necios cjue á sabios es costumbre criticar. El asunto es m u r m u r a r sin dar descanso á los labios. Y si así los hombres son, ¿no es aún peor la mujer, que abandona su quehacer por la tal murmuración? níBiijo de TTucrf. a Con su lengua viperina no deja ni una vecina de cuyas faltas no hable. Que si al vecino de abajo no le gusta t r a b a j a r que si debía de usar el del tercero refajo. Que Perico se ha casado con la Juana por dinero; que es un berzas el casero y el alcalde un descarado. Que el abogado de enfrenít no gana para comer; cjuc si pega á su mujer, que si viste malamente... E n fin, señores elichosos seríamos en la tierra, si no sembrasen la guerra criticonas y chismosos. Basta! -gritó un hombre viejo que entre el público se hallaba. -Usted dirá cuándo acaba de quitarnos el pellejo. Si tan malo considera el vicio de m u r m u r a r ¿k qué tanto criticar de la Humanidad entera? i Cuántos hay que al procurar remedio á vicios sociales, caen dentro de aquellos males que pretenden remediar! MARIANO MARTIN DE MENDOZA. Tir. nuestro Concurso. Lema: Cliismorrotcrfas.