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r r i V V l C EL ARTICULO 5o 7 EZCLADOS iban la pena y el orgullo en la despedida que el viejo tío Pedro Juan, de Pedregosa del Jalón, dedicaba á su nieto, el mnzancón más fuerte y más robusto, más sano de alma y tozudo de condición que se podía encontrar en toda la región aragonesa. iil chico se iba á servir al Rey, y al darle el abuelo el último adiós en la carretera, en el puente que cruza el Jalón, sentía rejuvenecerse pensando que era algo muy suyo, algo que era parte de su alma, lo que iba á vestir el uniforme que tan gallardamente él vistiera años atrás. -Sé bueno, hijo mío; el Ejército, aunque otra cosa te digan, es donde está la escuela de la lealtad y la hombría de bien; sé bueno, no te olvides nunca de tu pueblo ni de los tuyos; pero no olvides que vas á jurar defender la misma bandera que tu abuelo defendió á costa de su sangre, y, sobre todo, y ésta es mi última recomendación, porque quiero que sea la que más grabada se te quede, cumple ciegamente las Ordenanzas y obedece sin discutir lo que te manden tus superiores. ¿Me lo prometes, hijo mío? -Prometido queda, y mi usté que lo que prometo es pa hacelo; los mandatos de mis jefes serán pa mí órdenes como de Dios, y las Ordenanzas hati cuenta que pa mí serán el catecismo. Y en el puente que ha encima del Jalón, y muy próximo á Pedregosa, con un fortisimo abrazo se despidieron el viejo y el mozo, éste anhelando ver tierras y mundo; el otro soñando otros días que fueron, y C ue por ser idos son más codiciados. II En la lectura ya estaban los quintos muy adelantados sentados en los banquillos oían sin entenderlos la lectura de los artículos de la Ordenanza, los que el teniente instructor ó el sargento se encargaban de descifrarlos después de leídos. El día á que hace referencia nuestro histórico relato tocaba el estudio del articulo 50 de las Ordenanzas en la parte que se refiere á los deberes de los centinelas; el artículo dice textualmente: Toda centinela apostada en muralla, puerta ó paraje que pida precaución desdóla retreta á la diana, dará, el ¿quién vive? á cuantas personas se acercaran á su inmediación, y en respondiendo España, preguntará: ¿qué gente? y si fuere en campaña: ¿qué- regimiento? Si los preguntados respondiesen mal ó dejasen, de res- r ponder, repetirá el ¿quién vive? dos veces, y sucediendo lo mismo llamará la guardia para arrestarle, y en caso de huir, dando con esto fundado motivo de sospechar sea persona mal intencionada, le hará fuego. Aquel día, el sargento, que era en aquel momento el encargado de la instrucción teórica, llamó al recluta de Pedregosa, preguntándole qué había sacado en limpio de la lectura del citado artículo. Se levantó el recluta y explicó como supo y pudo sus deducciones en el caso, y para ver si efectivamente sabía llevar el artículo á la práctica, el instructor, tomando nn fusil del armero y llevando al quinto á la puerta del cuarto de oficiales de la compañía, le dijo de este modo, entregándole el arma: -Tú eres un centinela, esta puerta es un sitio que pide precaución, ahora es de noche, yo soy la Ronda Mayor y tú ves un bulto que se acerca á ti: (jué harás? Y el baturro de Pedregosa, por toda contestación, lanzó un estentóreo ¿quién vive? que repercutió i: n los abovedados techos del local de la compañía. -Muy bien- -repuso el instructor, ¿y yo qué debo responder? -España- -contestó el recluta. -Eso es, España y sólo España, está muy bien; ¿y tú entonces qué dices? -Sigún, sí es en paz como en paz, y si es en guerra como en guerra.