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¿m ¡ífi LA FUERZA DE LA COSTUMBRE Era el bueno de Cines un hoi- tera inteligente, tan amable y tan cortea, que no tuvo precedente. Nadie con él conipetía en el ramo de tejidos, ni nadie como él sabía de zalemas y cumplidos. lira un verdadero encanto verle tras el- mostrador. ¡Oué finura, cielo santo! ¡Qué trato tan seductor! No se dio un caso siquiera de ue alguien fuese á comprar y disgustado saliera como él le llegase á hablar. Y es ue tenia el muy pillo para halagar á! a gente una especie de estribillo de un resultado excelente. (jinés- -mostrando ima tela una chica prorrumpía, ¿á cómo es esta franela? Y (linés le respondía mirando una marca rara y con muy finos modales: -Es á ijeseta la vara: para usted sólo á tres reales. (iinés, ¿y esta muselina? Y Cünés con frase atenta: -l os j) csetas. j Es muy fina! Para usted nna cincuenta. Y asi snecsivaniente. ¡Siem re ansioso de agradar No había otro dc cndientc que fuera más popular... Vsi las cosas, nn día, acercándose al hortera una que le conocía, le preguntó qué hora era. Y él, viendo al punto la hora, respondió, siempre cortés: -Las tres y media, señora; para usted sólo las tres. T -lb. JosE QUESADA MARTÍNEZ. De nuestro Concurso. Lema; cGalauterías