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días sus flechas, y le hizo ocupar su puesto, clavándoselas á él con verdade ro furor. ¡Y cómo le dolían! El diábolo no quiso ser menos, y co- giéndole con la cuerda por la cintura, le arrojó á lo alto una vez, y otra, y otra. EL SUEÑO DE LÜi SITO guapo, muy listo y muy agradable; L uisito es un chico muy es necesario Corregirle, porque desde, pero tiene vtn defecto que pequeño conviene enderezar al árbol. Luisito es muy holgazán. Claro es que aún no tiene edad para enfrascarse en el estudio, pero jí lá necesaria para irse poco á poco aficionando á los libros. Lejos do eso, Luisito se pasa el dia entero sin mirarlos. En cambio, mira y remira los- juguetes, los trae y los lleva, no los deja en. paz un solo momento... i Ah, si los juguetes pudieran quejarse! ¡SI se pudieran vengar! Esto es lo que le dice su mamá, para ver si con. sigue su énrinéhda. -jÚn día van á jugar contigo los juguetes, hartos de que juegues tanto con ellos... ¡Ya verás entonces! Pero Luisito se ríe, creyendo que esto es imposible. Sin embargo, anoche se acostó un poco excitado, y tal vez por esa misma excitación recordó la amenaza. Lo cierto es que soñó qué se cumplía. ¡Qué. rato más amargó! ¡No lo olvidará nunca! A sus juguetes les nacían. piernas y brazos, y tenían también ojos y boca y nariz como las personas. El caballo corría y relinchaba... ¡Qué horror! De pronto, la pelota le cogió entre sus manos, le hizo un ovillo y le tiró á los aires, recogiéndole luego para darle patadas sin descanso... ¡Lo mismo que él hapía con ella, precisamente! Luego el caballo, cuando le vio en el suelo, se montó encima de él, arreándole de lo lindo con el látigo, para que corriera, aunque no tenía maldita la gana. Después le toinó por su cuenta el blanco donde él clavaba todos los 808 El peóií, á su vez, agarró el látigo y le: liizó dar vueltas- y bailar hasta de- coronilla. Bl pobre Luisito estaba verd. áderaépte aterrado. Varias veces trató de correr para ponerse en salvo, ipero los juguetes se lo impidieron, uno le. tomaba y otro le: dejaba, sin ha. cer caso de svts. protestas ni -corimoversé aútc süs lágrimas; -í- í s Porque Luisito lloraba, i vaya si lloraba! ¿Has tenido tú alguna vez compasión de mí r- le decía la pelota. ¿Me has dejado á mí en paz cuando te lo he pedido? -decía el peón. ¡Arre, arre! -le gritaba el caballo, iVamos, arriba! -volvía á decirle el diábolo. Y el tiro al blanco bailaba ante él, riéndose cada vez que se quejaba por el dolor causado con las flechas. i Cómo se acordaba entonces Luisito de lo que le había dicho su mamá! Este era sSk a el castigo que le había profetizado. Molido el cuerpo y ya sin poderse mover, Luisito iba á gritar pidiertdo auxilio, cuando despertó... Mucho tardó en darse cuenta de que todo había sido un sueño; pero, en cambio, -meditó- bastante. Y después d contárselo á sti mamá, le ha prometido cambiar de conducta. Hará- bien. Porque bueno es jugar, pero también conviene no dejar que los libros críen polvo. -309