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desprenderlo. Las tramas que forma con el pico es lo que da la resistencia á su trabajo. Es una monada. Me choca y entusiasma su tarea. Es admirable su mgenio. Allí continuamos hablando sin cesar de pájaros, nidos y flores, mas el anochecer avisó la hora de partir y nos despedimos para contuiuar la sesión de Historia Natural al día siguiente ó tal vez otro año. Al otro dia por la mañana, mientras yo me aseaba, llamaron á mi habitación avisándome que una joven me traía un regalo. Precipitadamente m e fui á mi tocador, y, sin adivinar qué podía ser, salí al comedor en donde me esperaba. -De parte de mi abuelitoj que tome usted este nido que ayer le gustó tanto. Sin poderme contener, en lugar de alegría y agradecimiento, mostré mi disgusto, y por todo pago contesté: ¡Qué lástima tan grande ¡Dígale usted que esta tarde iré, pero á regañarle- -y me retiré con el nido en la mano, con la rama que yo admiré y en silencio por no decir nada inconveniente. ¡Qué desdichaj, pensé, i Pobre r ycaío. ¿De qué te sirvió tanto trabajar, tanto ir y venir para formar tnido? Para mayor Hermosura han cortado la rama, en donde tanto real zabá tu obra. Miré extasiada algunos minutos y con pesar aquella labor maestra, llena de amor, de aquel pajarito, y mi pesar fué en aumento a ¡inclinar el nido y ver quo contenía cuatro huevécitos. ¡Qué crueldad! En la rama pendían como racimos cuyos granos al abrirse mostraban el material sedoso más fino que el algodón, el fruto ó pelusilla que sirvió como principal material para fabricar él nido. Emocionada, busqué una caja grande y coloqué en ella el nido cuidadosamente, como el que deposita el cadáver de un niño sobre un féretro de flores, y hasta he de decir, y no me avergüenzo, que lloré por el pájaro rey, pensando en él como en la madre que pierde su hogar y sus hijos... i Rudos golpes! ¡Tremendas emociones para corazones sensibles! Lloré, sí, y por la tarde me fui intrépida al encuentro del guardr, i su misma casa, frente á la alameda, y mis primeras palabras firon d? reproche. -Tomás, i cómo ha hecho usted para coger el nido? -Con una escalera muy alta, señorita. -iNo pregunto eso. ¿Cómo ha tenido usted valor? ¿No ama ai tó la Naturaleza y los pájaros? ¿Cree que me ha dado algur? a 1 sfacción? No, señor, un gran disgusto. A mí me complace v r Conrhiirá. EL NAUFRAGO CONTINUACIÓN Explora la tierra nueva y se halla con una cueva, Contempla un rato el boquete y al cabo por él se mete. Corno es estrecho el camino ha de andar como un pollino. Después que se ensancha nota, pero allí no se ve gota. Luego una cerilla enciende y con horror se sorprende. Lanza un agudo chillido y allí cae desvanecido. -811 Concluirá.