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LOS INGENUOS mos días de mes el estómago nos llama parricidas! -Seamos francos, señor Piltrafas: hombre soy qu- llama al pan, pan; al vim; vino. iVle causa usted verdadera lástima. ¿Por qué han de llevar sus niñas sombrero, no pudiendo? -i -Además, ¿no conoce usted el refrán que dice: Aunque la mona se vista de seda... -i i! -Ellas no tendrán un céntimo; pero feas la verdad, señor Piltrafas, lo son á contento. ¡i! 1 -Mi pequeño, que tiene la gracia por arrobas, suele llamar á sus niñas panecillos largos. Entre estos ingenuos los hay especialistas. Dedícanse muchos con referencia á soltar verdades á los enfermos. ¿Qué es eso, don Trinitario? -Nada, un catarrito que, gracias á Dios, va desapareciendo- ¿Catarrito? Sí, sí; la vejcra, don Trinitario, la ve jera. -Es posible. -Y tanto. Mire usted, aunque ofenda, soy capaz de decir una verdad á mi padre que se levantara de la tumba. El otro día vi á usted en el entierro del pobre Cartulina, y dije á un amigo mío: Bien pronto vamos á llevar al mismo sitio á don Trinitario. ¡Caramba! Se ofende usted? -No, pero... -Yo soy así; no me quedo con nada dentro del cuerpo, don Trinitario; la franc ueza intc todo. 1 MI seis meses se ha ¡uedado usted como una momia; arrastra los pies al andar, se tambalea; en fin, que me equivoque, pero creo que me va usted á hacer gastar T- 51 AY. muchas personas que alardean d? proceder con íinceridad y llaneza, de ser ingenars y leales en su trato, cuando, en rea id; d, no son otra cosa (pie individuos faltos de educación y pobres de entendimiento: vulf j brutos. tJonsta. itemcnlc es oínios repetir frases por el estilo: ¡yV franqueza nadie me gana! ¡Yo no me jnterdo la lengua! ¡Me pinto solo para decir verdades! y otra serie de palabras, con las cuales quieren dar á conocer su idiosincrasia, su especial cualidad de exteriorizar los pensauf entos sin el más tenue velo de hipocresía. A la palabra acompaña en estos individuos una acción correspondiente. ¡Saluda, hombre! dicen á un amigo que ha tenido la desgracia de pasar junto á uno de éstos sin haberle visto; y al mismo tiempo que le avisan de viva voz, suelen arrimarte un bastonazo en una pierna ó en un hombro, elevándole á la categoría de purpurado. Otros dan prueba de su presencia, franqueza ó cariño, apabu) ulo el sombrero del amigo y metiéndosele hasta el cuello, ó bien tapando los ojos de su víc- tima fuertemente con las manos, y dejándole en una situación incómoda y desairada hasta tanto que se averigua el nombre y scñaí de la fiera. Si temibles son por la acción, por la palabra resultan funestos. Cuando un ingenuo conversa con otro de igual manera de ser, á las primeras sinceridades suelen romperse la crisma; por el contrario, si el amigo sincero coge por su cuenta á una persona prudente y educada, le hace víctima al momento de su franqueza. -Desengáñese, señor Piltrafas, la paga que usted disfruta no le sirve ni para coger un- constipado. -i- -Créame, le hablo con el corazón, i Cobro veinte duros más que usted, tengo sólo un hijo, y los últi-