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p 1 V ¿Bl i ír- i- c dk X L 7 J ¡siw. T o V i 1 f El general Orozco (X) con su Estado Mayor dirigiendo las operaciones. dáveres, de armas y de monturas y municiones abandonadas para escapar antes. La columna Ordóñez recogió 76 cadáveres, dato significativo de lo duro que fué el castigo. Por desgracia, tuvimos que lamentar sensibles bajas, pues perecieron el coronel del regimiento de San Fernando, don Carlos Astillero Tejada, dos tenientes d o s sargentos, ocho soldados, todos del mismo Cuerpo, y tres individuos de la Policía indígena. Además hubo algunos heridos. Durante la lucha estuvo el coronel Astillero en los puestos de mayor peligro. El cornetín á sus órdenes fué herido en el momento en que iba á recibir una del general Ordóñez, y el valiente coronel le dijo para El general de división D. Gabriel Orozco que manda las fuerzas que tomaron parte eu los últimos combates. consolarle: ¡Muchacho, eso no es nada! Apenas había terminado de pronunciar esta frase cuando una bala enemiga atravesaba la cabeza de Astillero y el bravo jefe caía como muerto, sin pronunciar una palabra. En uno de los momentos más fuertes del combate vióse un teniente del regimiento de San Fernando acometido por dos indígenas y mató á imo de ellos de un sablazo. El otro moro se lanzaba sobre el teniente gumía en mano, cuando un sargento de la compañía tuvo a suerte de dar fin del rifeño metiéndole un balazo por el vientre. La columna del general Orozco fué también atacada y también contestó á la agresión batiendo al enemigo. Las baterías que castigaros las sábilas rebeldes Alí- Bu- Amar, Hamara y Ih- liafen, causándoles numerosas bajas, mandadas por el capitán Llanaeras y el teniente Cubillos. Fots. Rcctorel.