Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
mMUdERim ven para hacer maravillas de orfebrería, destinadas á servir de adorno ó quizá á fijar la atención sobre los pequeños y bien formados piececitos de las españolas, que, gracias á la nueva moda del zapato escotado, han dejado de ocultarlos bajo el recto y ancho calzado de forma inglesa. L a s hebillas, más que ninguna otra cosa, es preciso que sean muy líonitas, y, sobre todo, muy apropiadas al zapato, para que no resulten de mal gusto ó lo que hoy se llama cursi. U n a s guirnaldas entrelazadas, formando un octógono, con ocho brillantes de doble tamaño que los f ue dibujan flores y hojas microscópicas, hacen la hebilla más graciosa y elegante que puede soñar la persona más difícil de satisfacer para colocarla sobre un zapato de tafdete raso negro. Las de piedras de color están indicadas para los de tonos claros, y las de plata oxidada y esmalte, para el calzado de gamuza. Hace algunos días me enseñaba su dueña, con cierta satisfacción no exenta de vanidad, unas hebillas que pertenecieron á cierto abate pariente suyo, de los que, por sus galanteos, dieron mucho que hablar en la corte de Luis X V son muy bonitas, y al verlas exclamé, faltando á las reglas preliminares de la diplomacia de salón: -E s lástima que el peso de estas preciosas joyas no sirviese para que los pasos de su primer poseedor hubiesen sido menos ligeros. E n vez de asentir á mi lamentación, como yo esperaba, la descendiente del abate hizo un movimiento negativo con la cabeza, y sonriéndosc picarescamente, repuso: -Se me tigura aue la influencia de estas he- m H billitas es contraria á lo c ue usted desearía, porcjue desde que han vuelto á estar de moda, la sociedad medita poco sus pasos; al menos yo, en cuanto me pongo estos zapatos, voy, sin saberlo, adonde quieran llevarme- -terminó riendo alegremente. L a segunda indiscreción hubiera sido imperdonable me sonreí, sin decir nada, y p e n s é Gracias á l3io s, todas las (jue se ponen hebillas en sus zapatos no se parecen á la descendiente del abate... y con sus piececitos prisioneros dentro del zapato Luis X V pisan segura y firmemente; y las que van sin saber adonde, no deben creerse impulsadas por las hebillas, sino por la falta de alguna pequeña esencia intangible que suele residir en el cerebro. DE TIENDAS p 7 s admirable la destreza con (jue los camareros de las fondas manejan con una sola mano la cuchara y el ten. edor para servir á cada uno si: i uc jamás dejen caer la más pequeña cantidad, au! i uc sirvan legumbres ó carnes en salsa. Sin duda, dcs ués de admirar esto, que bien pudiera caiilicarse de liál) Í rcstidigitacii m, se le ocurrió á un hoinl) rc ingcniosü inventar un cubierto para servir, que él llama servidor que nunca se declara en huelga, Se compone de cuchara y tenedor, superpuesto el uno sobre; la otra, sujetos por un resorte (pie une ios dos mangos. Sobre el tenedor hay una argolla por donde deíjc introducirse el índice, mieiuras el pulgar se apoya debajo de una especie de galillo como el de las escopetas. El mecanismo es muy sencillo y fácilmente lo puede manejar cualquiera sin temor al menor percance. m M U E B L E S MODEHNOis t- mwUJí- d e l u i ü o P r o y e c t o del p r o f e s o r G. W i c k o p De la revista Deutsche Ktinst und Dekoration de Vicn