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mmí ER memn PAGINAS FEMENINAS m CRÓNICA DE PARÍS MIÉ COLES I 3 DE SEPTIEMBRE p stamos en un período de transición, y ya núes tras toilettes estivales parecen casi demodées, aunque en realidad sólo estén un poquito ajadas. Kl calor excepcional de este año nos hace olvidar que llegó Septiembre, y nos induce á prolongar el reinado de batistas y llores; pero nuestro afán dt variar constantemente de vestidos y el deseo de adciuirir las primeras novedades de otoño, nos da ánimo y valor para abandonar los deliciosos tejidos de hilo, substituyéndolos por otros de lana menos alegres y de más abrigo. L a s que carecen de energías para sacrificarse en aras de la moda, suspiran por la deseada aparición de esos días fríos y lluviosos que preceden al invierno, sin pensar que su coquetería puede satisfacerse sin recurrir al extremo de una señora c ue se presentó (no recuerdo qué día de estos últimos en que el calor era horrible) á las cinco de la tarde en el Casino de Biarritz con un gabán de nutria hasta el suelo, manguito y toque de Chinchilla. Ahora tienen nuestras elegantes mil monadas ciue completen su toilette otoñal y que no las sofoquen. Los tailleurs de seda en tonos obscuros son muy bonitos y relativamente frescos; para los tes íntimos nada tan á propósito como un vestido de crepé de Chine violeta de Niza, rodeado de pluma de cisne en el mismo tono. El tafetán está haciendo furor para los trajes de media estación; adornados con terciopelo para imprimirles cierta nota un poco chillona de muy buen gusto. El siguiente modelo podrá dar una idea bastante exacta de las últimas creaciones del famoso artista Soulié. Vestido entero, corto, no muy estrecho y ligeramente escotado, de tafetán rose bengale; un terciopelo negro dibuja el escote, rodea el talle y sirve de Ijorde inferior á las mangas cortas de forma japonesa; un entredós de plata oxidada de veinte centímetros de ancho guarnece el final de la falda, con objeto de C ue pese y se pliegue bien; encima tiene una túnica de tul gordo bordado con sedas tormando grandes rosas de realce, y como tmiendo unas á otras canutillos de cristal ensartados en cordón de plata; en la espalda se recoge el vuelo con dos grandes botones de cristal tallado, colocados sobre el cinturón de terciopelo negro. El sobretodo, indispensable aunque el termómetro marque 40 grados á la sombra, puede ser de gasa negra con borlas de azabache. L a s mesalinas reaparecen de nuevo, solas ó combinadas con gasas, sobre todo si son de tonos claros. Los cinturoncs, aljandonados durante algún tiempo, parece que cada día tienen más partidarios, lo que me hace creer que durarán todo el invierno. Los de cuero de todos colores, clases y formas. servirán para las faldas de lana ó terciopelo con blusa de batista. Los de seda anudados sobre un costado con caídas desiguales rematados por monumental borla de pasamanería, están indicados para los vestidos couturiére. l í a y otros que ueden servir para distintos vestidos; pero por su aspecto demasiado llamativo conviene dedicarlos á uno solo, y ese que esté primorosa. mente hecho, y que no sea el destinado á diario. Se trata de una faja de terciopelo negro, de 20 centímetros de ancho, forrada de moire rojo cereza con un borde cjue sobresalga dos centímetros, y como remate un fleco de bolitas de pasamanería negra. Se pliega alrededor de la cintura, y sin hacer lazo ni nudo se deja caer detrás formando una sola caída. Esto, como todo lo nuevo, hay que estudiarlo y adoptarlo con grandes precauciones, pues la linea que divide lo extraordinariamente cliic de la vulgariclad más aterradora es casi impcrcejitible. L A CONDESA D A R M O i W l L L E LAS H E B I L L A S D E L ABATE D u e s señor, el lujo no tiene diciues. En el si glo XVIII los hombres sólo, y especialmente aquellos petits abbés de cour, tenían d privilegio de llevar como hebillas de sus zapatos verdaderas joyas. I. as señoras no se le disputaban ni pretendieron apropiárselo hasta fines del reinado de I. uis X V I en cuya época se impuso á la vestimenta de la mujer todo ariuellO que representase un lujo de extraordinario coste. Las más linajudas y encopetadas damas aceptaron, sin discutirla, la nueva moda, siendo la Reina la primera en dar el ejemplo. E r a el eríodo más brillante de los encajerbs de Ñorm a n d í a cuando sus primores alcanzaren mayor perfección confeccionando medias ideales ue hacían las delicias de las elegantes de entonces, y que hoy se conservan algunas dentro de las vitrinas como verdaderas joyas. ¿N o era lógico que al lujo de las medias sucediese el de los zapatos? Detrás de los encajes tenían cjue venir los brillantes. Ciento veinte años han transcurrido desde entonces, y las exigencias de la moda, en vez de modificarse, se han multiplicado. Después de varias alternativas, por fin este año han quedado clasificadas como indispensables las hebillas; pero su valor artístico é intrínseco supera enormemente á las del tiempo de Marie Antoinette y del segundo Imperio. Será la característica de nuestra época haber llegado al límite de los ref. namientos del lujo y en el estudio de los m á s mínimos detalles de todo lo referente á la toilette femenina. Brillantes, perlas y toda clase de piedras preciosas, jirimorosamente montadas en platino, sir 5 6 7 8-