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¡es danzas, y los insectos más variados en sus formas y colores vi os atornasolados me hacían recordar los alfileres fantasía de mis sombreros. Ignoro el tiempo que permanecí admirando las interioridades de la alameda. Sólo sé que, por fin, volví al punto de mi partida, no sé si por la misma senda ó por otras que conducían al mismo punto. Allí me encontré al guarda con las niñas en tranquilo coloquio, y, orgulloso del tesoro que defendía, me preguntó: ¿Q u é le parece, señorita? ¿Qué le parece á usted la alameda? Le gusta á usted mucho; se comprende. -Mucho, mucho -respondí. Soy amante de los árboles, los pájaros, y me complace en días espléndidos como éste pasear sola para observarlos mejor. Señorita- -añadió suplicante, siérttese un poco á descañsat antes de regresar al pueblo y le diré yo algunos secretos que Usted tío habrá sorprendido. Como ya sabe, paso la vida pof aquí haCe unos años. Me senté en un ribazo cubierto de algunas flores diminutas, y él y las niñas frente á mí. Por el silencio parecía que íbamos á referir un cuento de hadas. -Bien cerca de usted- -dijo, -sobre su cabeza, allá arriba, en este árbol hay un nido de los más ingeniosos que existen, por estar hecho por un pájaro muy pequeñito. Le llamamos el reyecito por eso de la fábula que dice subió sobre un águila á las mayores alturas. ¿Dónde está? -pregunté. -Allá, hacia lo más alto del álamo colgado en aquella rama. Parece una bota blanca ó rhás bien un calcetín de lana gruesa en la forma, pero puesto de lado. Pues aquello que parece grande es el nido de un pájaro tan pequeño, el más pequeño que yo he visto. Desconocía yo tales nidos, por lo que escuché con gran interés. -Y ¡qué ingenio tiene el pajarito! Para que no le entre el agua cuando llueve- -continuó- -le da la forma de un calcetín con el agujero inclinado hacia un lado. Así no pueden mojarse ni los huevécillos que deposita dentro, ni los polluelos. -Y ¿qué materiales emplea? -Los materiales son superiores. El mismo álamo le proporciona ina pelusilla delicada y suave como la seda, y como material tan sutil se lo llevaría el aire, busca fibras ó hilos, que encuentra por i. quí, con cuyas hebras y un pico que tiene fino y largo, que le sirve le aguja, teje y entrelaza las felpillas divinamente, hasta formar- orno un terciopelo grueso, de casi un dedo de espesor, y aun más n el fondo ó punta interior del calcetín, que es donde deposita y da alor á los huevecillos. ¡Qué preciosidad! Y qué bien Jiace en colocar su nido a tan- 4. f f nHm- n. A TiadT %lo cogerá. EL NAUFRAGO Raudo por el mar del Norte marcha un barco de gran porte Se divisa en lontananza un punto negro que avanza. Aumenta de proporción, convertido en nubarrón. Que alcanzándole á la nave la pone en peligro grave. w Después sólo se ve de ella un hombre y una botella. -508 El hombre se pone á flote y se salva en un islote. Continuará, Continuará. 25) 8