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NOTAS TAURINAS carteles, comeiizó á soltar baladronadas, y no se recató de decir: Ahora van á ver aquí matar toros. Por aquí no tienen costumbre de yer matadores de verdad y otras frases por el estilo. Al oírle expresarse en esa forma, creyeron los empresarios que habí an tenido la gran suerte de acaparar un fenómeno, que sería, en unas cuantas semanas, un verdadero filón. Todos éstos eran los antecedentes del nuevo diestro, del que no se conocía, máS historia que la descripta or él. Llegó el momento de ver la verdad, y nuestro héroe pairecía un tanto cohibido y torpe con los primeros toros, á los que apenas se atrevió. á dar un mal capotazo. A la hora de matar su primero, se! lió con él, y venga tiempo y más tiempo, hasta que pasó él reglamentario, y los cabestros se llevaron vivo ál corral aquel toro del debut. S e r á una desgracia- -decían algu- nos, -ya se desquitará, en. el otro. Es que se ha ¡sarao- y en éstas estábamos cuando llegó la salida del sexto de la tardé. En éste ya se le acabó el pudor y marchó decidido al bulto, sin importarla nada de nada. No se sabe para lo que hace falta más valor, si para afrontar una silbapor sustraerse á una cortíada, ó afrontar una cornada por sustraerse á una silba. Optó, por lo primero, y en lugar de brindar la muerte del toro ál pre 4 sidente, le brindó su saleroso cuerpo para que lo encerrarán en un calabozo, antes que versé delante de los cuernos de aquella res. El escándalo que produjo en el pú blico la actitud del torero, no es para descripto. Hubo quien pedía lá cabeza de aquel pobre engañado; pero la autoridad tuvo buen cuidado de procurar que nada malo k ocurriese. Lp mandó encerrar en una dependencia de la plaza; dio por terminada la corrida, y cuando había transcurrido una hora y no quedaba un alma por aquellos contornos, salía por las puertas de. la plaza un diestro, vistiendo el traje de luces, con el capote de paseo al. hombro, acompañado de una pareja de guardias civiles á caballo y dos á pie. Este original paseíllo, que no era acompañado de pasodóble ni de paínias, duró b á s t a l a cárcel, dónde pasó la noche, para á la, mañana siguiente ser puesto en libertad, pues lá impresión qué le produjeron los acontécimíeritós relatados le pusieron i enfermo, y las autoridades se compadecieron de él. Después de todo, ya había sido bastante castigado con la rechifla y la original salida de la plaza. M: ÁLBUM BIOGRÁFICO CAMBIO DE SEXO A quella torera valiente, mucho más valiente que algunos hombres de los que se dedican á la profesión taurina, que ganó palmas en numerosas placas de toros con el nombre de María Salomé (la Reverte) ha cambiado de sexo y como hombre ha vuelto á la profesión. Cuando una Real orden, muy sensata por cierto, del Sr. La Cierva prohibió en absoluto que las mujeres se dedicaran á la profesión peligrosa de lidiar toros, tuvo que dejar de torear la Reverte, y entonces la oímos decir con entereza y sinceridad: A mí que me dé ese Sr. La Cierva una credencial de hombre (ésta fué su frase) y yo seguiré toreando como puedan hacerlo los hombres, pues soy tan capaz como el que más. Corrió el tiempo y nadie nos acordábamos de ella, cuando ahora, pasado; iiiás de tres años dé aquella Real orden, resurge ía interesante figura de aquella torera ó aquel torero, porque en esos secretos no hemos de penetrar. Lo cierto es que en el semanario de Córdoba titulado El Toreo Cordobés hemos leído que María Salomé no es tal María y que la antigua, matadora de novillos es hoy Agustín Salomé Rodríguez viste airosamente traje mascil no, cubre su cabeza con ele- gante jipi y ha estado en la corte, donde, previo examen, han quedado resueltas las dudas de muchos años. No ponemos nada de nuestra cosecha y no sabemqs si se trata de un caso en el que la ciencia es la llamada á dictaminar. Lo que sí es, cierto es que el día 29 de Agosto toreó en Lisboa como torero perteneciente al sexo fuerte, y es muy posible que al publicarse estas lineas haya estoqueado cuatro novillos en La Carolina, si no se han presentado inconvenientes para aprobar el cartel. Sin que á nosotros corresponda averiguar nada relativo aí sexo, lo que podemos afirmar es que una sola VÍZ que la vimos torear en la plaza de Madrid, advertimos en ella un valor grande al estoquear dos novillos con respetable cornamenta; una agilidad impropia de una mujer para correr vsaltar las vallas, y una resistencia física que no es común en los. inciívi- dúos del sexo débil Ahora veamos si María, al convertirse en Agustín y despojarse de su propio moño, es capaz de quitar los suyos á muchos de los que presumen en la calóle y huyen; en la plaza como sr fueran delicadas; daniíseíás. El caisó es ílpt; dériiás riíriósO y lo señalamos como único hasta hpv PVÍ la, histeria; íiy: tófc oi; f; v; L BARTOLOMÉ JIMÉNEZ (EL MURCIA) 1 1 no de los toreros más modestos y menos toreros en lo que se refiere á las costumbres de fuera de la plaza; pues siempre pareció distinto á sus compañeros y apenas se le conoció en juergas y zarandajas- de mayor ni menor cuantía. No ha llegado á ser una notabilidad ni lo pretendió nunca, porque se conformó con un puesto muy secundario en las filas del ejército coletudo. Tuvo una época de novillero en la que, gracias á sus portentosas facultades, -pudo hacer unas combinaciones inverosímiles, toreando por la mañana en un pueblo para matar los toros de muerte en una capea y por la tarde en otro que distaba bastantes leguas, sin que hubiera más medios de locomoción qué un pollino, sobre el que solía hacer el viaje en traje de luces. Recuerdo perfectamente una tarde que toreaba en Madrid lina novillada y al día siguiente tenía que trabajar en una plaza de la Riojá ó Navarra. Ello era que tenía el pensamiento de salir en el correo de Aragón, que sale á las siete y media próximamente; pero en verano la noche se echa encima pronto si salé pesa: da una novillada que comienza á las cinco. Así pasó aquel día, y ya eran más de las siete cuando Bartolomé estaba matando su último toro, en el que tuvo que dar varios pinchazos. Daba uno y corría desesperado al pie del tendido 10, en que estaba su apoderado, y le decía: Tlamón, mira á ver si por Miranda y Castejón se podría llegar. Vuelta á la cabeza del toro, y, al no dar teas que un pinchazo, otro viaje á hablar con el apoderado: Oye. Ramón. Yo creo que por Alsasua, ¿podré llegar? De este mpdo acabó el hombre la fiesta y salió de la, plaza, corriendo como un: desesperado para ir á la estación con el vestido de torear, que lo usaba tanto en los viajes como en los ruedos. Con estas fatigas ganó honradamente para vivir y acabó- por hacerse matador de alternatiya, con cuya categoría sólo toreo en Madrid la corri; da: á: beneficio- déí Tortero, el año ¡1905, y; acabó por desaparecer, djedicándbSe a negocios industriales; pero el año anterior resurgió en Pamplona cuando ya no nos acordábamos de él. Nació e n Júmilla, provincia dJE Murcia, el 26 de Diciembre de 1867. Los principips fueron los de todos: correr por las capeas y ha. cer unas cuantas diabluras para poder torear en; alguna parte. Eti estas andanzas le sorprendió la ipí) ca de rendir su tributo á ía patria. V después de servir en el arma de Ca-