Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
rumbo y la majeza desplegados por el Rey de Oros- -como dieron en llamar los envidiosos al antiguo jorobado- para celebrar el fausto suceso de su enlace. Baste deciros que para los pobres, que de todas las partes del mundo acudieron al banquete, se sirvieron platos como éstos: Consumado de legumbres: varios estanques, provistos de bombas para el servicio. Huevos de avestruz, al plato, servidos en bañeras de ducha. Ballenas en salsa, guisadas en la plaza de toros. Elefantes al asador, ensartados en palos del telégrafo. Sandías y melones en almíbar. Cordilleras de monte nevado (Chantilly) Ríos de leche helada. Arroyos de natillas. Acorazados de guirlache, catedrales de alcorza y castillos de alfeñique. Champagne espumoso, repartido con mangas dé riego... -Papaíto: eso pasaría en los Estados Unidos... -Deja terminar, charlatana. A los postres descargó una tempestad, formada artificialmente, durante la cual llovió grajeas de colores, granizó almendras garapiñadas y marrons glacés y nevó caramelos de La Pajarita envueltos en billetes del Banco... Y á mí no me dieron porque no quisieron. ¿Verdad, papá... -Verdad, hijitas: -i Y después? -Después... Pues después, los nuevos esposos hicieron su viaje de novios, y al pasar por París encargaron un niño precioso, que les fué enviado á su palacio dentro de una canastilla de flores. Si vierais qué criatura. más hermosa! Era blanco como la nieve, rubio como el oro y gordiüo como un rollo de manteca. Su carita era un encanto: bonito como un Niñito Jesús... ¿Como el Niñito de los Remedios? -Casi como el Niñito de los Remedios; y de todas partes del mundo acudían las gentes á ver aquella maravilla, que se enseñaba con papeleta los domingos dentro de una urna de oro y de cristal de roca. i Figuraos cómo estarían los padres con aquel hijo! No los había en el orbe más felices... Pero un día... ¿Qué, papaíto... -i Papá, por Dios 1 ¡Que no acabe mal el cuento... ...Un día, hijas mías, el angelito amaneció enfermo. Tenía fiebre; no abría los ojitos, que eran dos luceros; no sonreía... ¡No hacía más que quejarse como un cor derito! Acudieron á visitarlo los más famosos médicos del mundo- -no se reparaba en gastos, pidieran lo que pidiesen, que dinero sobraba, -y ninguno de ellos daba con el quid de la enfermedad, y el pobrecito nene se moría poco á poco. Su desventurado padre, enloquecido por el dolor, se desesperaba llorando sin consuelo. Aquel dolor inmenso, dolor de perder un hijo, era para él mayor que el más grande dolor de otro cualquier hombre, porque era también el primer dolor sufrido durante toda su segunda vida de guapo, de fuerte, de sano y de rico. De la más alta felicidad caía el sin ventura en la más honda desgracia, y de nada le servía su belleza, de nada su salud, de nada su oro, para remediarla. El príncipe se moría, y se murió por fin el príncipe, y en el momento de expirar el angelito, su angustiado padre oyó otra vez la carcajada aquella, seca y burlona, escuchada en el bosque la noche célebre del otorgamiento de los dones por el hada complaciente. ¿Quién es? -volvió á preguntar enloquecido. ¿Quién es quien se ríe de mí, que soy el fuerte y el poderoso? ¿Quién se atreve á reírse de mi pena? Y esta vez sí que obtuvo contestación; esta vez oyó una voz que le decía: -i Soy yo: el dolor... de los otros; la enfermedad... de los otros; la muerte... de los otros, quien se ríe de ti... Si cuando pediste salud para ti la hubieras pedido para los demás, siquiera, siquiera para los tuyos, no muriera ahora tu hijito... ¡Anda, dale el dinero que te sobra, á ver si lo resucitas... Aquí veis, hijas mías, cómo debemos pedir á Dios por el prójimo cuando le pedimos por nosotros mismos... ¿Y el Rey, papaíto... -Pues el Rey, hijas mías, enloquecido por el dolor, exclamó: ¡Yo quiero morirme! ...Y como podía morirse cuando él lo deseara, pues se murió en efecto: ¡supremo anhelo de un padre cuando pierde un hijo... VICENTE DIEZ DE TEJADA. Dibujo de Méndez Bringa. 4 5 6 7 8