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no penetran en clius mas que lya ducuui, ii u auu Lambién de utia fábrica vecina, ó el guarda que da ó cierra el paso á las pequeñas embarcaciones que conducen carloón ó maderas á Tortosa, pasando pof la llamada esclusa. Sin embargOj para que no sean conijjletamente felices aquellos pájaros; se ven asaltados alguna vez por los aviesos chiquillos, que, burlando la vigilancia del guarda, alteran la paz de lá alameda, cometiendo con la Naturaleza indignas hazañas. Visitan también aquella poética estancia algunas personas forasteras al detenerse en el pueblo que está allí mismo, en la montaña más próxima. Está primavera tuve yo el placer de pasar toda una tarde bajo las spriibrás de los gigantescos álamos, descansando de la vida de la corte, que me hicieron olvidar con armonioso concierto que en plena Naturaleza me prodigaban los habitantes de la alameda. Me acoftipañaron en mi paseó cuatro amiguitas, niñas, todavía, las que se quedaron columpiándose entre dos árboles mientras yo, deseosa de pasear, me interné por la espesura para poder oír el canto, de los ruiseñores claramente, sin mezclarse con las risas ni voces de las chiquillas. Ü Jugad cuanto queráis- -las dijev- Yp volveré luego aquí mismo. Como bandada de pájaros vinieron hacia mí queriendo acompañarme; pero yo, que en aquel instante me sentía atraída por el deseo de soledad y silencio, y que soló á los moradores de aquella fronda, ante el cielo y la tierra, quería exponer mis tristezas y recibir consuelos sin temor alguno y pedir alientos á Natura y á los pájaros que parecen están más cerca de Dios porqUe se remontan hacia el cielo, las decidí á que se quedasen columpiándose y emprendí mi paseo en dirección al interior de la espesura. Con la vista me recreaba en contemplar los árboles y arbustos ue iban rodeándome hasta el puntó de llegar á aprisionarme y teler que librarme de sus caricias con ambas manos; unas veces me ozaban efusivos; otras, suaves, con ráfagas floridas y perfumadas. Una ramita hubo tan finísima y halagadora, que no quise abanlonarla y rompí él brote mismo, con el que nuevamente acaricié mi rostro, complaciéndome singularmente con aquel fino, fresco y perfumado contactó. Más- adelante, cuando ya me era imposible ver el cielo como no fuese por pequeñas ventanas que los ramajes mostraban, mé paré unos instantes para poder apreciar mejor los distintos trozos musicales del inspirado y sonoro canto del ruiseñor, acompañados por notas amenas y melodiosas de otros pájaros, y, emocionada, miraba primero al cielo, que me parecía aprisionado, y uego á la tierra. Vanadas ñbrecillas primaverales con todos sus encantos silvestres se erguían altivas unas, y humildes se ocultaban UN INVENTO CONCLUSIÓN 13. Apareció en. la cocina sufriendo una cachetina. 14. Al ver tales resultados, quedaron ensimismados. 15. Y como el caso es urgente, reflexionan largamente. Ib. rara acordar en el acto destruir el artefacto. M 2 V ma ttlflH M l l l i. -V 7 r y 18. Y como eran buenos chicos lo dejaron hecho añicos, 88 fi Continuará, -290- 17. Que era un delator odioso tal invento prodigioso.