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NOTAS TAURINAS tas partes de los que llenan las plazas, prefieren á los toreros emocionantes, á los que levantan á los públicos á fuerza de arrimarse, á aquellos i quienes estamos viendo cogidos en iodo momento y salen ilesos, haciendo rodar á los toros de enormes estocadas. Reverte era de esojs; no puede decirse que dominaba á los toros con la muleta, pues comenzaba á pasar en el I y terminaba en el 9; pero todo ese tiempo le estaban los toros arañando en el chaleco, y eso no lo resistía n a d i e sin levantarse de su asiento. Por esto le gustaba al actual popu- larísimo matador de toros, y se permitió con Reverte un lujo que no se ha permitido con nadie antes ni después. Compraba el Chico de la Blusa todos los días que iba á ios toros á ver torear á Reverte dos cigarros de medio real, con lo que aumentaba el presupuesto de la corrida en 25 céntimos. La mayoría de las tardes obligaba el público á Antonio á dar la vuelta al ruedo, devolviendo sombreros y saludos y recogiendo algunos cigarros. Cuando pasaba por bajo del tendido 5, en cuyo caluroso graderío estaba Vicente, éste arrojaba un cigarro de aquellos de medio real al bravo torero de Alcalá del Río, y como eran muchos los días que tenía que dar la vuelta en los dos toros que estoqueaba, derrochaba el muchacho sus dos cigarros y se iba tan tranquilo á su casa después de cumplida su misión. -Crea usted- -decía Vicente Pastor cuando reíería esto- -que el día que me tenía que llevar en el bolsillo los dos cigarros, porque no había dado la vuelta, lo sentía tanto como si me ocurriera á mí algo grave. Pero n o casi todas las tardes le tenía q u e echar por lo menos uno, porqué cuidado que tenía ángel pa. ra ganar palmas aquel hornbre. Todavía lo refiere con pasión, y es que la pasión en los toros no se puede evitar, y no hay que tomarla á rñal en nadie. cicnes de toros, ha perecido un desgraciado, uno de esos infelices que quieren torear allá donde se les presente ocasión, y no reparan en peligros hasta gue logran su propósito. El pobre joven Miguel Muñoz (Pulguita) iría á la capea de San Enrique con toda la ilusión que pueda ir el que sueña con llegar, cuándo menos, á ser lo que hayan sido Guerra, Bomba, Machaco y otros, únicos espejos en que se fijan los que aspiran a ser toreros, sin pensar nunca en las víctimas, en los miles de bajas que ocasionan esas corridas, de las que nadie tiene noticias si no ocurre alguna desgracia fatal. Las autoridades de la aldea no se fijaron en otra cosa sino en que se iban á celebrar toros, y para- nada tuvieron cuidado, ni para preparar el más rudimentario botiquín para curar si había algún herido, cosa tan probable que más no podía ser. Fué á torear uno de los torazos, bueyes, vacas ó lo que hubiera preparado, que de todo sé da en esas fiestas, y tuvo la desgracia de ser enganchado y sufrir tremenda cornada en la región glútea, por la que se desangró lentamente, pues cayeron en la cuenta de que no sólo no había enfermería, sino que ni médico, cirujano ó mal barbero practicante hubo para hacerle una cura que le cohibiera la hemorra a hasta que llegara á manos de un doctor. Da horror pensar en lo que sufriría el infeliz hasta que llegó á La Línea, después de veintidós horas de estar herido, y allí falleció. Los responsables de esa desgratia son los que hayan organizado la capea contra toda ley, y las autoridades por su negligencia. No debía (jUedar impune la falta, pues sería el único medio de que no se repitieran tan tristes episodios, que se repetirán á diario si pasa una y otra vez lo que ha pasado ahora sin castigo alguno. Si es que las capeas son precisas, imprescindibles, organícense en buen hora; pero para que sirvan como escuela de principiantes, aue no trabajen en ellas más que los torerillos, bajo la dirección de alguno que sepa más que ellos. Adetoás, bien merece la pena que se embolen los toros que han de correrse en tales fiestas, y lo mismo se divertirían los que las presenciaran, sin la exposición de ver todos los días escenas sangrientas. Toros con los cuernos limpios en plazas sin condiciones, y además sin preocuparse las autoridades de que haya c a n a s y facultativos para curar heridos, Se ningún modo. Los que tales cosas autoricen son cómplices de delitos que debe castigar el Código, Será una lástima que no se ex jan responsabilidades por la muerte del infeliz Migue! Muñoz. ÁLBUM BIÓGRAFlCp GREGORIO TARMILLO (PLATERITO) 1 J ñ o de los toreros á quienes ha tor cido el gesto el Sr. Mosquera, y como si fuera un delito el haber tomado la clternativa en la plaza de Cartagena, le ha cerrado las puertas de la plaza madrileña hace ya tres temporadas. Otros con menos motivo han venido una y otra vez á probar fortuna, y no sabemos por qué el Platerito, que llevaba siete ú ocho años sosteniendo un decentito cartel de novillero, no ha podido pisar una plaza en la que tantas veces estuvo bien, después de haber cambiado de categoría. Aunque es excesivamente pequeño de estatura, ha dado muerte á muchos toros con estocadas en lo alto, y en el último tercio de la lidia ha escuchado muchas palmas por su decisión y por la facilidad con que ha encontrado frecuentemente el sitio en que se debe herir á los toros. Como torero, tampoco es un Judas: Al contrario, ademas de acercarse á las reses con el capote y la muleta, se ha adornado en diferentes ocasiones y tampoco se le han negado los aplausos en esta, parte de lá lidia. Así pasó su vida de novillero, sin pretensiones de ran fenómeno, pero sin quedarse atrás de los de su categoría, con los que siempre alternó dignamente. Nació en Madrid, en el número i de la calle de Oriente, el día 4 de Jurio de 18 S 2, y fueron us padres (Inn Fidel TaravíUo y d o ñ a Antonia Amorós. Su padre era dueño de un establecimiento de yesería; pero no parece que el chico tenía gran vocación á la industria, j de jugar al toro en lai calles, paso á las capeas y acabó por querer ser torero, lo que al cabo consiguió y venció la hostilidad de sus padres, que no querían una profesión tan poco tranquila como la que el hijo eligió. Poco más de diez y seis años tenía cuando toreó por primera vez en público, los días 15 y 16 de Agosto de 1898, en la plaza de Cebreres (Avila) acompañado del qu fué torero aragonés Juan Pedro Esteras. En la plaza madrileña se presentó al público estoqueando dos becerros ci día 23 de Enero de 1895. La fiesta! en que debutó en esta plaza se compuso de los elementos siguientes: Dos becerros de D. Mariano Torres para que los estoqueara el debutante Platerito. Lucha del toro Pandereta con las leonas Sahína y Nemea, y, para fin de fiesta, dos toros de doña Carlota Sánchez, de Terrones, p a r a que mú- LAS BARBARAS CAPEAS o m o si no estuvieran prohibidas las capeas desde hace ya tres años, se celebran siempre que una persona influyente quiere celebrarlas, y no sabemos que se impongan correctivos á los contraventores de la ley. Hace poco se ha celebrado una en la pequeña aldea de San Enrique, cercana á La Línea de la Concepción, en la provincia de Cádiz. En esta fiesta, ó como quiera llamarse, lo único bárbaro, lo verdaderamente salvaje que tienen las i u n-