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mnwñR mm H hecha, el resultado será muy superior al de la plancha, aunque la manejen manos extraordinariamente hábiles. Jr ara limpiar blondas y tules es preciso encerrarlos en un saco de lienzo muy fino después de haberlos quitado el polvo. Se dejan dentro del saco en un baño de aceite de oliva durante veinticuatro horas; después se meten en agua de jabón, cociendo quince minutos; se aclaran en agua corriente, se sumergen en un solución de agua templada 3 almidón durante un minuto y por fin se sacan las blondas del saco y se ponen al sol para que se sequen, prendiéndolas, como los encajes blancos, sobre una tabla forrada de muletón. El tul bastará con extenderlo bien, cuidando de colocarlo com ¡letamente al hilo. Si tomara mala forma sería preciso volverlo á mojar para hacerla desaparecer. Cuando se quiera darles un color crema, bastará con sumergirlos en un cocniiiento de achicorias: veinticinco- gramos en un litro de agua. Si se desea acentuar el color, se aumentan las achicorias gradualmente. El tono que produce este tinte es mucho más bonito que el del agua de té, y los encajes obscurecidos por este procedimiento parecen antiguos. Antes y después de limpios, es decir, nuevos ó ya usados, conviene guardarlos con mucho cuidado. Del modo de conservarlos depende su duración. No conviene doblarlos, porque será seguro que con el transcurso del tiempo se rompan por los dobleces. Las guarniciones se cubren con papel de seda y se arrollan sin apretar, formando una rueda, que se colocará en el armario con las ondas hacia arriba, en previsión de que se doblen. Las mantillas ó velos grandes conviene extenderlos entre dos hojas de papel de seda, doblarlos sin hacer cruz y entre cada doblez poner dos pliegos del mismo papel arrugado á lo largo. Si siempre que se usen se empaquetan así, se conservarán los encajes, por finos que sean, siempre como nueves. DE TIENDAS que desee la simpática amiga E l con afecto obsequiarleá ofrece hospitalidad que sincero en su casa de campo, debe buscar la cesta escocesa de mimbre blanco, con el asa de forma alargada y forro de cretona estampada. De un costado pende larga cadena de plata, con sus correspondientes tijeras de jardín. Siempre que recorra la posesión con la cesta al brazo, para ir depositando las flores que corte, destinadas á adornar el salón y la mesa, y quizá su propia persona, tendrá un recuerdo de gratitud y cariño para el buen amigo que la dedicó tan bonito y útil objeto. I 3 liS 3 -S B i: yf ií i u m. é W -v IÍ? TJ 4 JÍ, íWÍ 4: L L A CASA MODERNA Hall de quinta ó casa de c a m p o p r o y e c t o del arquitecto d e B e r l í n H e r m a n n M u t h e s l n s De la revista Deutsche Kunst und Dekoratioü de Viena.