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mmi En Mismñ PAGINAS FEMENINAS m- CRÓNICA DE PARÍS MIÉRCOLES 3 o DE AGOSTO I a gran semana de Trouville se aproxima. Todo el J aris elegante se da cita allí, reuniendo el máximum de lujo y de belleza en el mínimum de esi) acio, pues en los sitie predilectos no se puede andar sin tropezar unos con o t r o s pero nadie se queja. Diariamente se encuentran las mismas personas con distinto plumaje; ayer se separaron á la salida des Drags para reunirse hoy en el circo Molier. Los verdaderos entusiastas del fresco y de las bellezas campestres prefieren las alturas y eligen su domicilio hacia Hennequeville y otros rincones pintorescos, desde los cuales se domina el mar, el m u n d o bullicioso y sus pompas. Los de abajo los consideran como descendientes directos de hurones. U n a encantadora dama exclamaba con acento compasivo: ¡Pobres! son flores silvestres que no saben apreciar los encantos de estos hermosos chalets y de los bonitos jardines c ue florecen á la sombra del Casino. P o r mi parte, no sería justo criticar á los que dentro de pocos días nos proporcionarán el placer de contemplar una verdadera exposición de chiffons, reservándonos sorpresas é innovaciones que decidirán lo que se va á llevar mucho tiempo, ¡lo menos un mes! Aunque el secreto de estas exhibiciones se guarda con el mayor empeño por p a r t e de las interesadas, siempre se encuentra un medio de levantar rápidamente el velo que las oculta y muy á la ligera dar un vistazo á tanta exc uisita maravilla. Una modista nos ofrece deliciosos vestidos del más puro estilo Lr. is X V I uno, de taffetas chan (jeant rosa y gris plata; la falda, adornada con una gran ruche, y el fichú de ntalines evocaban el recuerdo de Trianon. I ástima que la falta de amplitud lo desvaneciese! El otro, de toile de seda blanca, adornado el cuerpo con una guirnalda de rosas pintadas á la goiiache, rodeando el escote en pico y descendiendo por un costado hasta el l) orde de la falda. Gola pierrot de tul negro y sombrero merveüleuse con bridas colgando. Uno de los modistos, cuyos sueños de artista nacen y adciuieren forma real bajo los suaves rayos de la lámpara de Aladino, adapta con extraordinario acierto el estilo persa á nuestras modas, modernizándole exclusivamente lo necesario. E s el príncipe del colorido sutil, de formas de ornamentación discretas y suntuosas á un mismo tiempo. Su ciencia consiste en amalgamar los colores más diversos sin que desluzcan unos a otros, armonizándolos de tal modo que, si al primer momento sorprenden, inmediatamente se hace la vista, y parece hasta lógico inclusive. Como prueba de lo que afirmo citaré una túnica de voile de seda verde jaspe, bordada de plata, sobre viso de charmense souffre y sujeta por medio de u a a banda púrpura obscuro. Y esta otra de gasa color de naranja sin madurar, obscureciéndose gradualmente hasta llegar á una franja negra que forma el borde inferior de la falda. Rosas de raso en los mismos tonos rodeadas de oro sirven de remate al escote y á las mangas. Jlablando del género más corriente, descrijiiré una toilette que alcanza el grado máximo de lo elegante por su excesiva sencillez. b alda corta, no demasiado estrecha, de cachemira chaqueta medio entallada, con grandes sola as de la misma tela y botones de n á c a r sombrero flexible de fieltro, de ala grande un poquitito cinche, y copa alta, de la forma de la de los sombreros que usan en los pueblos de Castilla, con una cinta estrecha de otomán rodeándola; zapato de gamuza con hebilla de plata martelce, y media de seda sin calar. Todo ello, blanco marfil. ¿Puede idearse algo más sencillamente encantador? LA CoNnES. D ARMONVILLR. ENCAJES o y vamos á ocuparnos de la manera de limpiar los encajes sin que se estropeen. E s una cosa útil, porque ¿quién será el que no tenga alguna mantilla, por lo menos? Y conviene aprender, pues si n o se lavan bien se inutilizan por completo. Los encajes negros es preciso sacudirlos y cepillarlos con cepillo de seda para quitarles todo el polvo; después se doblan, convirtiéndolos en un pac uete, que se sujetará con una hebra de hilo para que no se deshaga, y se sumergen en un recipiente con cerveza durante veinte m i n u t o s luego se sacan y se oprimen entre ambas manos, volviéndolos á meter en la cerveza, repitiendo la operación tres ó cuatro veces, hasta que salgan limpios; entonces se desdoblan, se extienden entre dos lienzos blancos, arrollándolos para extraer toda la humedad. Antes de que se sequen se extienden sobre franela de lana y se planchan por el revés, apareciendo como si acabaran de salir de manos de la encajera. Los blancos se limpian por otro procedimiento completamente di. stinto. Se colocan en un frasco de cristal de boca ancha, para meterlos sin dificultad y que no se deformen, con agua y jabón blanco picado, y se pone al fuego dentro de otra cacerola, dejándolo cocer hasta que estén completamente limpios. Si el agua se en. suciara mucho, puede cambiarse cuantas veces sea preciso. lluego se retira 3 se deja enfriar hasta que el frasco pueda resistir la impresión del agua fría, que se pondrá debajo del grifo para c ue se aclaren. Cuando ya no quede la menor traza de jabón, se extienden, sin retocerlos ni oprimirlos, sobre una tabla forrada de muletón, y se prenden con un alfiler en cada pico, cuidando de que no tomen vicios ni pierdan su forma. Si la operación está bien 2 3 4 5 6 7 8-