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LOS ESCRÚPULOS DE A N I T A nita, que mañana á recibir la Comunión primera (1 les lleva ya doce años de crisliana) 11 n virginal escrúpulo se afana i ver pecados en su vida entera. 1 dre ángel inocente, p i) re rosa temprana, 13 aún no ha oido la voz de la serpiente 1 a cree haber probado la manzanal Sí, lectores; Anita, iiue en Historia Sagrada es muy perita, i ya su salvación en compromiso. J 1 rque cree, con la fe más obsoluta, I lie sólo por probar aquella fruta I cdieron Adán y Eva el Paraíso; í en su sabia inocencia, II is bien que hacer examen de conciencia, cerebro tortura 11 nsando qué terrible penitencia 11 impodrá al otro día el señor cura, liiies si cada manzana... i ida manzana no, cada bocado! c un nuevo pecado d (la conciencia humana... ri (lé va á ser, qué va á ser de la pobre Ana? it intas manzanas como se ha comido... Pero, vamos á ver: ¿cuántas han sido? iSólo Dios sabe cuántas! o las puede contar, porque son tantas que la cuenta ha perdido, s y en vano ahora recordar intenta; no es fácil que recuerde, pues, comiendo manzanas... ¿quién no pierde, como aquel ángel de candor, la cuenta? Anita, de rodillas en el lecho, una oración tras otra repetía, flagelándose el pecho, que humilde, en vez de protestar, latía cual preguntando: ¿Pero yo qué he hecho para que así conmigo te alborotes y me des, sin piedad, tantos azotes? iQué adorable figura la de aquella criatura de rubios rizos y celestes ojos, sobre aquel lecho virginal de hinojos, como una Magdalena en miniatura! Ya muy cerca- del día durmióse al fin, tras el examen hecho, soñando con manzanas todavía, y, entre las niveas sábanas del leeho, su sonrosado pecho una rosa entre nieve parecía. II No os contaré la confesión de Anita, porque ese es un misterio que sólo, por su santo ministerio, saber el sacerdote necesita. Sólo os diré que el ángel de inocencia llegó al confesonario como un reo presunto presidiario á quien van á leerle la sentencia. Mientras su dulce confesión hacía, el cura sonreía, ella temblaba, y Dios, que desde el cielo la miraba, acaso, como el cura, sonreía. Después, después en actitud honesta eró, resignada y temblorosa, I penitencia que le fuere impuesta... to cuan sorprendida, cuan dichosa, I jyó decir al cura lo siguiente: i 5 n presente, hija mía, ten presente I 3 de aquella simbólica manzana perdió, por fortuna, la simiente, -e lasque se crían actualmente... puedes comer las que te dé la gana. Y además de estas frases de consticlo i iió su bendición... y un caramelo. I -que aquel buen anciano I zciaba lo divino con lo humano i a unir más la tierra con el cielo... la imaffcn personilicada Cura del Pilar de la Horadada! JUA. N SABINO BARROSO Dibujo de Regidor. í sPí i B, jrt vSf W -4 1 1 nuestro Concurso. IvCma: castas son otras manzanas. X ÍiíiltiffliiiÍÍíiTfii-