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mnwEn m (smn PAGINAS F E M E N I N A S S 5 í e CRÓNICA DE PARÍS MIÉRCOLES 2 3 DE AGOSTO A dniirando la naturaleza desde lo alto de una roca, en cuya base se estrellan las olas, ó en la cumbre del monte, dominando un valle precioso esmaltado de flores y salpicado de casitas blancas donde se me figura que debe anidar la felicidad tranquila y alegre que no necesita ni pide el bullicio del mundo, pensé en el error de las personas que pasan el verano haciendo toilettes para reunirse en ésta ó en la otra casa y jugar al bridge, privándose del aire puro y del goce del campo. fin los sitios frescos, donde no es preciso esperar i que el sol desaparezca para salir, puede aprovccliarsc la tarde desde las cuatro para dar grandes ascos, hacer excursiones, jugar al golf ó salir á alta mar en busca de las emociones de la pesca, distracción muy de moda este año. Esta clase de vida no significa que haya que abandonar en absoluto la toilette; por modesto uc sea el veraneo y reducido el número de amigos que nos rodee, es indispensable vestirse bien. sin la exageración de las jugadoras de bridge, pero con elegancia, dentro de los limites de lo sencillo y, por lo tanto, de lo cómodo. Durante el día Ijastará con cambiar de vestido una vez si la temperatura lo exige; dejando los de batista, toile ó genre lingerie para ponerse el de franela blanco ó el de jerga azul obscuro. Con los primeros están muy indicados los sombreros de piqué blanco por fuera, paja negra por debajo del ala y un borde de seda, también negra, como final del ala, formando un lazo chiquito. Para los trajes de lana son más á propósito los sombreros de paja. He visto un modelo precioso de tagal en su color natural, con un borde ancho de paja goroa brillante, verde obscuro, y una guirnalda alrededor de la copa de rosas pequeñitas y hojas, hechas también de paja. La costumbre inglesa de vestirse para comer se lia generalizado tanto, que 3 a se ha hecho obligatoria, lo mismo en el soberbio que en el modesto cottagc. Esa es la hora predilecta de la gente joven, porc ¡ue puede lucir sus vestidos de voile ó gasa, escotados, pero siempre con guimpe, para quitarles el aspecto demasiado ceremonioso, por supuesto, con zapato negi o y media de seda muy Fina, sin calar, del color del vestido. J as señoras que por su edad ó sus achaques no puedan vestirse sin hacer un sacrificio, tienen el recurso de las casi batas ó gozvn, de liberty negro, ligeramente escotadas, con manga semicorta y una gran echarpe de crepé rodeando el cuello, como si quisiera preservarle del frío, aunque su verdadera misión es disimular algunas cosas. La amplitud de esta toilette es su primer encanto para las personas que les fastidia ajustarse. Pueden hacerse muy sencillamente ó adornadas con encajes ó bordados de porcelana y cristal de colores. Para salir al jardín después de comer, ó para sentarse en la terraza, conviene una capa de cachemir blanco, larga, con mucho vuelo, y un cuello alto y vuelto, de terciopelo verde esmeralda ó rojo coral, con un ribetito de seda negro. CONDESA D A R M O N V I L L E LIMPIEZA DE LAS SEDAS varios años las sedas han un Durante relegadas, considerándose de estadoguspoco mal to usarlas para vestidos de calle. IToy vuelven á estar en alza, y no sólo se utilizan para trajes de calle, sino c ue se emplean para la playa y el campo, por considerarlas más frescas y de mayor duración que las telas de hilo y algodón. Puesto que el uso de la seda se ha generalizado tanto, creo oportuno hacer algunas indicaciones sobre el medio de lavarlas y de conservarlas. Deben de cepillarse con un cepillo de seda muy flexible, ó, mejor aún, con una almohadilla de terciopelo, para evitar que se arañen. Las blusas conviene guardarlas rellenas de pai peí de seda, y, lo mismo que las faldas, cubiertas con una funda de hilo gordo que las preserve del polvo y de la humedad. j Si por descuido ó por alguna causa inevitable se presentasen esas manchitas que aparecen I en los tejidos de seda cuando se guardan en arí maríos poco aireados ó en casas próximas al mar, bastará colocarlas sobre un pedazo de indiana mojado. Se arrollan las dos telas juntas y se dejan en un sitio fresco durante veinticuatro horas; la humedad del lienzo absorbe las manchas de la seda. Debe plancharse en seguida por el revés. Las sedas japonesas ó flexibles pueden lavarse, pero sin restregarlas ni retorcerlas. Conviene jabonarlas con un cepillo muy fino si tuviesen alguna mancha rebelde; pero si sólo estuviesen sucias del polvo y el uso, líastará con sumergirlas durante un par de horas en agua templada, donde previamente se haya deshecho un trozo de jabón puro de mora. Si la tela fuese blanca ó cruda, antes de aclararla se extiende al sol, y después se plancha, antes de dejarla secar por completo. Cuando las telas son muy buenas, es necesario deshacer el vestido, extenderlas sobre una mesa de mármol y empaparlas con la siguiente preparación agua de jabón templada, un litro; miel, una cucharada. Se empapa bien por igual, luego se sumerge en agua clara, siempre templada, y, al cabo de una hora, se aclara en dos ó tres aguas, sin retorcerla ni apretarla, y se vuelve á extender sobre la mesa, donde puede plancharse cuando sólo esté húmeda. Todas las sedas blancas ó de colores claros se limpian así mucho mejor que por procedimientos químicos, los cuales hacen perder al tejido la tersura y el brillo primitivos. -6 s 7 8-