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en una cajita de cristal, en compañía de un hermoso grano, dorado, lleno... Pasaron días, y semanas, y meses, y la hormiga vivía á expensas de la semilla, sin que ésta disminuyera grandemente. Y transcurrió un año, y la hormiguita, viva aún, no había dado fin á las provisiones. Admirado del caso el curioso experimentador, comunicólo á un amigo; éste divulgó el hecho, y alguien, con aviesas intenciones, púsolo en conocimiento del propio rey David, escandalizado de que hubiera un hijo de Israel tan inhumano, que sometiera á un pobre animalito indefenso á tortura semejante. Indignóse el rey- poeta y en el acto ordenó que el hombre cruel fuese sometido precisamente á la misma tortura, durante igual período de tiempo Un año justo habría de permanecer el tal encerrado y con una sola substancia invariable por todo alimento... El rey, sin embargo, llevaba su magnanimidad y su clemencia hasta el extremo de permitir al reo la elección del manjar que habría de alimentarlo. Abatido y apesadumbrado, dejóse conducir á la prisión el sin ventura, y, al llegar á la cárcel, salióle al encuentro el príncipe Salomón, niño aún, hijo de David y de Bethsebá, á quien Dios concediera el don de la sabiduría. -Ya sé lo que te pasa- -dijo al sentenciado, -y como sé también que lo que has hecho, no por dureza ni por maldad de corazón lo hiciste, sino por simple curiosidad, quiero endulzar tu suerte, ayudándote á soportar la prueba á que has de ser sometido. ¿Qué piensas pedir para tu único alimento? -Señor- -contestó el reo, ¿lo sé yo, acaso? ¿Cómo podré, ¡oh, perla de Guilhou! resistir un año comiendo sin beber, sin comer si bebo? ¿Y no se te ha ocurrido que podrías muy bien matar tu hambre y apagar tu sed con las olorosas manzanas de los huertos de Sión, con las jugosas peras de Kidrón, con las naranjas de oro de Acra... -Señor. ¡Ya desfallezco de horror sólo al pensarlo! ¿Quién resistirá un año entero la misma fruta? -No es cosa agradable, bien lo veo; pero ello no seria imposible, y demuestra que el rey, mi pa- dre, no ha querido condenarte á muerte, como supones. Sólo castigarte desea. Yo voy á indicarte un manjar con el cual resistirás perfectamenie todo un año, y aun toda la vida, si fuese precisen iMás aún: de él puedes sacar variedad de substancias que hagan más llevadera tu suerte, rompiendo la monotonía de la dieta... -Y aquí- -decía lady Mac- Kleod, -la vieja esclava ignorante, con sencillez verdaderamente bíblica, daba la solución del problema, solución que seguramente está en los labios de todos ustedes; pero que ella la creía sólo al alcance de un talento no menor que el del mismísimo sabio Salomón en persona. -Pues elegirás- -dijo el príncipe al reo- -j la leche! ¡Oh, señor! -contestó el preso, agradecido. ¡Cuan grande es tu sabiduría! -j Cuan grande es la misericordia de Dios, has de decir, que me puso en tu camino! Con leche vive el niño y con ella alimentan los animales á sus pequeñuelos, desde el ratoncillo del ostugo á la ballena de los mares. Y no sólo es esto; sino que tú- -tan dado á la experimentación, -valiéndote de mil artimañas, con esa leche, que se te dará sin medida, elaborarás manteca, cuajarás queso, recogerás nata, tendrás fresco suero, suave alcoel, tiernas cuajadas que templarán tus fauces resecas y conservarán tu salud en perfecto estado; y no sólo tendrás sustento, sino que encontrarás trabajo que endulzará tus horas consumidas por el tedio... Da gracias á Dios... ¡Y hasta dentro de un año... ¡Princesa adorable! -exclamó uno de los oyentes. ¡A la pobre vieja, olvidósele extraer azúcar de la leche y aun fabricar marfil artificial con la caseína... -Pues no se le olvidó todo- -contestó lady MacKleod, riendo, -porque la sierva me decía que, cuando hubo transcurrido el año, no sólo estaba el recluso sano y fuerte, gordo y lustroso, sino que en cuanto salió de su mazmorra, acudió á saludar al sabio príncipe para darle las gracias, y para que le permitiera poner una fábrica de quesos que durante su prisión había inventado, los cuales pensaba anunciar de este modo: CONSEJOS D E L SABIO SALOMÓN. MUY AGRADABLES DE TOMAR... VICENTE DIEZ DE TEJADA. Dibujo de Méndez Bringa, -5 6 7 8-