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COMO SE HACE UN VASO DE PAPEL llantas veces salimos de paseó por el campo y vemos un chorro de agua cristalina y n o podemos bebería por no tener un vaso... Este inconveniente queda vencido en seguida, si por casualidad llevamos en el bolsillo un pliego de papel de cartas. Con él, es la cosa más sencilla fabricar en el acto un vasito. Hay que cuadrarlo muy bien (figura I. y en seguida se le dobla por la mitad, en diagonal (fig. 2. luego se dobla una de sus puntas en la forma que i lgura 1. marca la figura 3. y después se le dobla la otra de la misma manera (ñg. 4. Quedarán dos alas de la punta libres, las cuales hay que doblar en sus respectivas direcciones y ya está hecho el vaso y podemos coger el agua y bebería con toda tranquilidad. Cuanto más grueso sea el papel, el vaso será más consistente, como es natural. La cosa no puede ser más sencilla; Figura a con seguridad no hay nada en el mundo que se haga con tanta facilidad como un vaso de papel; pero, si os parece difícil, si creéis que vais á fracasar cuando la necesidad os imponga su confección en el campo, lo mejor es que hagáis la prueba en casa. Y así llevaréis aprendido el procedimiento. Lógicamente se deduce que el vaso de papel puede servir para otra cosa; mejor dicho, que de la misma manera lira 3. puede hacerse ud cubre- tiestos, por ejemplo. Bastará con tomar un papel tamaño adecuado, y, una vez hecho el vaso, meter en él, en v e z del agua, el tiesto. Y luego se pinta con cui d a d o y queda muy bonito. Figura s Figura i. -2 Y 6 c TORTITAS CON ANÍS e aquí una golosina de las buenas, cuya confección es muy fácil. Una advertencia preliminar: hay que preparar la pasta en frío diez ó doce horas antes de emplearla. Es decir, que podéis hacer a pasta por la noche, y á la mañana siguiente las tortitas. Los ingredientes necesarios para hacerla, son; 0,10 gramos de anís fresco, que se compra en una herboristería, eri una droguería ó en una farmacia; tres huevos; 200 gramos de azúcar en polvo, y 250 gramos de harina de flor de primera calidad. Se separan las claras de las yemas de los huevos, poniendo éstas en un recipiente espacioso; por ejemplo, en una ensaladera. En seguida se echa allí todo el azúcar y se bate bien, durante quince ó veinte minutos, hasta que forme una espuma muy blanca. Entonces se le va añadiendo la harina poco á poco, removiéndola con una cuchara de madera para que no se apelotone. Y después se echa allí el anís, cuidando de que se mezcle perfectamente Mientras reposa un poco, se baten las claras de los huevos y se añaden también, batiéndolo todo durante ocho ó diez minutos. La pasta está terminada. A la mañana siguiente se coloca sobre la mesa de la cocina una servilleta bien limpia y espolvoreada de harina, y, sobre ella, se echa la pasta, extendiéndola con un rodillo ó con una botella, hasta que tenga el espesor de un dedito. Y con una copa, más ó merios grande, según se quiera, se va partiendo en rodajas. Estas rodajas se ponen luego en una fuente untada de manteca; que se mete en el horno á un fuego moderado, donde se la deja una media hora. H -2 V 7-