Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Córtese por esta, rava. LAS R E L 1 Q U 1 A S CUENTO VIEJO LOS PELIGROS A uíi mosquito inocente que Tolaba en torno de una iglesia derruida, otro dé trompetilla, ya más viejo, con gran prosopopeya le decía: -Oh, joven inexperto, ¿á qué te acercas á esa pared tan llena de rendijas? I No ves, desventurado, que en sus huecos los terribles arácnidos habitan? ¿No sabes que es arácnido? ¡Ignorante 1 Es la araña, la picara enemiga que nos tiende las redes dé su tela y, allí presos. al fin, nos Sacrifica. Huye, infeliz, de la pared que tiene tantos huecos obscuros donde añida la traidora a. sechánza. No té acerques si es que no piensas inmolar tu vida. Dijo, y abriendo las ligeras alas, dobló sus- zancas, que estiró en seguida, y dando un brinco sé lanzó á los aires entonando su etetria rnelodía. Vaya un tío sabiendo- dijo el pobre mosquito adolescente. ¡Cómo atisba dónde hay un agujero peligroso! Eso és talento, y experiencia, V vista. Y volviéndose ál inuro de la iglesia iba diciendo con la voz meliflua: Allá voy, arañitas, esperadme, que iré a ver esas telas tan bonitas y, he, de pararme en ellas muy tranquilo para que me pesquéis. ¡Ja, ja! ¡Qué risa I Satisfecho el mosquito de su guasa á las torpes arañas, dio en seguida un vuelo y se alejó de los peligros que aquel muro ncerraba en sus rendijas. Vio entonces que volando se acercaban piando sin cesar las golondrinas, y se dijo: Estas sí que son alegres, volemos en su grata compañía. No hizo más que decirlo, y una de ellas se le tragó. No basta en esta, vida conocer e l peligro que amedrenta, que hay otros que cotí capa de alegría causan nuestra desdicha, corno al pobre mosquito las alegres golondrinas, -276- CH. Cierto alegre sevillano, que le daba un susto al miedo pqr su mentir soberano, viendo con un arcediaiio la éátedral de Toledo, coro y claustros recorría, altares examinaba, y, á creer lo que él decía, de todo cuanto miraba, ¡de todo! en Sevilla había. Amostazado el vicario y harto de tragar veneno, al bajar del campanario le llevó jUntO á un armario de santas reliquias lleno. Y allí, sacando la llave, abrió las hojas con mafia, y: -Por si usted no lo sabe, de, esto no hay en toda España- dijo al punto en tono grave. Veremos! -el sevillano respondió con mucho aquél; tniéntras elpobre arcediano, de mala gana y con hiél, echó á las reliquias mano. Esta es la santa, rodilla del glorioso Saíi Antero -dijo, al darle- una canilla. Y contestó el embustero: La otra tienen en Sevilla! -Este, aunque un poco deshecho, el pie iz uíerdo es de San Gil- -dijo el padre con despecho. Y respondió el zascandil: ¡En Sevilla está el derecho 1 Miró el cura de través, y botando más que un potro- -D e Santa Polonia es- -dijo- -esta muela... Y el otro: ¡En Sevilla guardan tres! Fué á contestar el vicario, y para acabar la lata se encaró con el armario, y un rico estuché de plata sacó dé entre aquel osario. Miró al terne, abrióle en pos, y luego, con voz bravia: -Son los ojos, ¡vive Dios! -dijo- -dé; Santa Lucía; pefo, observe usted... ¡los dos! ¿Los vé usted? ¡Cuenta cabal! T respondió el otro. i No es grilla! Y anadió con mucha sal: -Bos, misté, tfk c süa ¡pero aún hay otro en Sevilla 278-