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1 gado al terruño, entre gañanes y mozas como i Qué horror! Éste año estoy en la gloria: co á giorno los soberbios cocidos que el jefe de confecciona con un amor de místico á la espaí Y así todos los años; mi amigo ha probado y las especies de veraneo imaginables, y el úl parece siempre el mejor. Este año... tengo á 1 su carta, de este año; la acabo de recibir, y la he to con una especie de unción religiosa. ¿Qué pe cir en ella? i Qué nuevo sistema de veraneo hab cubierto el amigo después de haberlos agotado Leo y me pasmo. ¡Lo que enseña la vida! Su c empieza como las de años anteriores; esta vez tola tiene todas las apariencias y todas las reí de un hallazgo definitivo; dice así: Amigo, he to el problema del veraneo; ahora sí que pue gurar que lo he resuelto para siempre: me ha seis años de hacer el primo por esos hoteles y j playas; pero esas primadas y esas comidas á manteca rancia, me han servido para aprende ranear. He acabado por convencerme de i veraneantes se dividen en dos clases: los que á dejarse explotar y los que vienen á explot; que se dejen; estos últimos- -dueños de hoteles reros, cronpiers, cocheros, etc. -son los únii veranean de verdad, los únicos que sacan fn estación, después de haberse refrescado con i bio de aires. Esta verdad absoluta ha hecho p mi ánimo; en vista de ello, ¿qué hacer? ¿Re al veraneo? ¿pasar en Madrid los meses de Nunca; en vista de que el problema se conv: un dilema, explotar ó ser explotado, he arroj la borda rancios prejuicios, he prescindido d mentó caballeresco que todos los españoles llevamos dentro, y... aquí me tienes de camarero en uno de los mejores cafés de Ostende, sirviendo ajenjos á toda la alta banca parisiense y no dando paz á la mano en el despacho de cafés noir y á la creme, según los gustos. Te juro que nunca he veraneado con tanta esplendidez; hay días en que nadie me quita mis veinte ó treinta francos en propinas, y como además me da de comer el dueñc del establecimiento, me está saliendo la saison por una friolera. Con lo que llevo ahorrado y lo que ahorraré de aquí á Septiembre, pienso abonarme este invierno á los sábados de la Princesa y á medio turno segundo del Real; se me presenta un porvenir de magnate. Y ahora dime si he resuelto 6 no el problema del veraneo, logrando convertir en una fuente de ingresos lo que hasta ahora era una fuente de gastos; claro es que para ello tengo que pasarme el día acarreando fuentes y ban dejas. Cierro la epístola lleno de admiración; me guar daré muy bien de aconsejar á nadie que imite la con ducta de mi amieo; me limito á llamar la atenciór sobre sus innegables ventajas. Este pavoroso problema del veraneó, en su doble aspecto económico- so cial, tiene una brava solución en las líneas de la epístola que acabo de copiar; con ella cambiaría la naturaleza de la preocupación anual que el veraneo supone. Tiene además una ventaja sobre todas; sabido es que el mayor placer del veraneante consiste en contar a su vuelta, ante la peña de amigos, las aventuras y peripecias del viaje estival; para ello, lo primero que hace falta es haber estado en un sitio decente, pues di an lo que quieran los bucólicos, no es lo mismo decir: cuando yo estuve en Baden- Baden... que cuando yo estuve en Betanzos. Pues bien; de hoy más, cuando algún veraneante de los de la escuela de mi amigo diga con aires de gran señor ante la tertulia del Lion d O r Cuando yo estuve en Trouville... habrá que creerlo. Aunque al decirlo mire con nostalgia los smokings de los camareros y pegue un bote en el asiento creyendo que le llaman siempre que resuena una palmada en el recinto del establecimiento. JOAQUÍN B E L D A Dibujos de Medina Vera