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Córtese por esta t EL RAMO DE FLORES a abemos todos que el ingenio es el verdadero director de la vida, ü n hombre que posea una gran fortuna y quiera emplearla en algo provechoso, no logrará elfinque se propone como no tenga ingenio suficiente. Por eso algunos necesitan asociarse con otros hombues que aportan ese gran elemento. Menos mal sí el ingenio se emplea en cosas lícitas; pofque no falta quien lo dedique á cosas que no están permitidas ni por las leyes ni por la moral... i Huyamos de semejantes ingeniosos, qne no son más que vividores... I Sabida es la gran diferencia que existe entre un vividor y un hombre que sabe buscarse decentemente la vida. A veces hay quien se aprovecha de su ingenio para cosas que no ístán muy bien, pero que tampoco mereeeii una condena; cosas que nos hacen reir, aunque no las aprobemos, porqué resultan verdaderamente graciosas. A este propósito, recordamos un suceso muy divertido que oímos contar no hace mucho tiempo y que ahora vamos a referir. Llegó un caballero madí ileño, muy conocido en sociedad y muy rico, á la ciudad de Valencia á resolver un asunto, y la primera noche acudió al teatro, donde actuaba una compañía dramática. Había en ella una. damita joven muy guapa y distinguida, que trabajaba divinamente, á la cual premiaba el público con ruidosos aplausos. El caballero la aplaudió también, y quedó tan impresionado dé su trabajó, que á la mañana siguiente la, envió un rarno de flores. Un día, pocos antes de abandonar la ciudad, su criado le anunció la visita dé una señora. El caballero ordenó que pasara en seguida, y quedó sorprendido al enterarse de quién era. Era la madre de la dama joven, que venía á darle las gracias nías rendidas por las atenciones que guardaba á su hija enviándprá ramos deflores... -Es usted excesivamente bondadosá la contestó el caballero. -Yo no he mandado á su hija más que un ramo, hace ya tiempo... Y, la verdad, eso no merece tanta gratitud. ¿Uñ ráiíió? -replicó la señora. ¡Pero. si su criado lleva uno. todos los di a s i El caballero quedó perplejo, y eñ seguida llamó á s ü criado, el cuV, todo cóñfuridido, declaró la verdad. Sí, señor... Cuando llevé el primer ramo me dieron diez pesetas, y cómo él rámó no costó más que seis... ¡he continuado llevándoselo! La señora y; el caballero hicieron omo que se indignaban; pero, al quedarse solos, perdonaron al ingenioso doméstico, que se había ganado cuatro pesetas dianas póf aaüel procedimiento. 2 7 9 rfi EL C U E R y O Y JLA P A L O M A f Coa afán e! más protervo revolcáhase agitado en un nionte muy nevado cierto- negrísimo cuervo. Üría paloma, que leve revolaba por allí, preguntóle por qué así sé restregaba en la nieve. El dijo: Por Belcebú que voy contigo á ser franco... ¡Quiero teñirme de blanco y ser lo mismo que tú! Ella repuso: Ya oí; pero te engañas quizás, pues ilégra la nieve harás sin blanquearte ella á ti. Y así en efecto ocurrió, pues la nieve, á su contacto, dejó de serlo en el acto y en agua se resolvió. Y el agua, mirada en suma sobre la pluma del cuervo, resultó... ¡dolor acerbo! tan negra como su pluma. Lo mismoy, caro lector, sucede siemipreja tni juicio, sise rosa con el vicio de la inocencia el ca, nd, or. t y íivc- í I f V Í é. TH MIGUEL A P R I Í Í C I P É t ltt! U, Wi 287.