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sí mmi ER íEíGmn PAGINAS FEMENINAS MIÉRCOLES 9 DE AGOSTe M Wñ t ítSíi CRÓNICA DE P A R Í S ómo está la playa por la mañana! Vengo de pasar unos días en Trouville, y no sé si será por aquello de que cada uno ve las cosas desde el punto de vista que le conviene, ó porque en realidad sorprenda á cualquiera que no tenga precisión de ocuparse de modaS, pero lo cierto es que á mí me distraían involuntariamente de la contemplación del mar los chiquillos, vestidos idealmente. He oído decir varias veces que los niños de antes no eran tan bonitos como los de ahora. Eso no es exacto; puesto que en todos los siglos íiemos tenido bellezas, no es de creer que en su infancia fuesen feas; pero es preciso convenir en que hemos adelantado tanto en la manera de vestirlos, que los chicos de hoy, aun los menos agraciados, resultan monísimos. Voy á describir un grupo digno de ser traslaJado al lienzo. Lo formaban cinco criaturas adorables. Una morenucha de ojos negros, muy viva, que tendría cinco ó seis años, vestida de piqué blanco, con un gran cuello de foulard rojo, cuyas puntas, cruzándose delante, se anudan detrás haciendo un gran lazo. El sombrero, de paja, sujeto por una goma, se le había caído sobre la espalda, dejando al descubierto sus rizos de azabache, aprisionados por un colosal lazo de liberty rojo. Con encantadora volubilidad manejaba á su antojo á una rubita, que, á pesar de ser mayor, la obedecía sin protestar, y á un chico, que por su extraordinario parecido con ella, calculé que sería su hermano menor. Los dos parecían inglesitos; eran rubios, y con un colorido capaz de dar envidia á las rosas. La niña llevaba un gabán de toile blanco, con gran pliegue en la espalda, cuello y solapan de encaje y banda de liberty. El chiquito estaba graciosísimo con su delantal, muy cortito y escotado, de tussor color de cereza. Ambos cubrían sus cabecitas con grandes sombreros de paja de Italia, sin otro adorno que una pequeña cinta de terciopelo negro alrededor d e la copa. Un poco más lejos jugaban con la arena dos bebés adorables, vestidos con un lujo que sólo es admisible hasta que los angelitos puedan empezar á comprender el valor de lo que llevan puesto. Uno tenía un trajecito de tussor blanco, con cuello, puños y guarnición al borde de guipure, y cinturón de gamuza chuté de acero. El otro llevaba un vestido de bordado inglés, con el delantero de batista soutachée, y la guimpe, igualmente que las mangas, de tul plegado con incrustaciones de Valenciennes. Sus caritas quedaban ocultas dentro de esas gorras, tan prácticas para la playa porque quitan el sol, que recuerdan las tocas de algunas religiosas. Por supuesto, los cinco estaban descalzos. El grupo de personas mayores, si tiene menos encantos naturales que el de los niños, en cambio es digno de admiración desde el punto de vista artístico. ¡Qué toilettes tan ideales! Enumerarlas todas sería tarea imposible de terminar, y el elegir las más notables es muy difícil cuando todas, cada una por su estilo, son igualmente bonitas y originales. Citaré á la condesa de N... primorosamente ataviada con un vestido de liberty blanco bordado de abejas y túnica de muselina de seda verde, con el borde deshilachado. Mlle. de la R... con toilette de encaje blanco con muselina de seda azul incrustada de entredoses bordados, oro viejo y azul. Y Mme. de B... con precioso traje de satín verde esmeralda, cubierto de encaje blanco, y éste, á su vez, revoilé de gasa negra, con un pequeño borde en forma de greca, de felpilla, sedas lacias de tonos muy pálidos y cuentas de porcelana. Los sombreros van evolucionando favorablemente; los grandes tienden á reducirse, descubriendo un poco la cabeza por detrás, y los pequeños son más graciosos, habiendo desaparecido, entre las personas que se visten bien, aquellos casquetes encajados hasta la nuca que parecían flaneros. Si la moda no cambia de ruta, podemos esperar para la temporada próxima grandes y bonitas sorpresas. LA CONDESA D A R M O N V I L L E VAJILLA Y CRISTALERÍA teresantes en toda casa bien organizada. La vajilla y el cristal deben de estar en armonía con la plata y las mantelerías. Es indispensable tener dos juegos completos; uno para el uso diario y otro para los días solemnes. Si para el almuerzo se emplean manteles de colores claros, la vajilla será sencillamente de color de marfil ó igual al mantel en dibujo y colorido. Se procurará evitar que en un comedor tapizado de verde se use porcelana azul, á no ser que estas cóTmbinaciones arriesgadas las dirija una persona que sienta el color en su justo valor. Una señora que sepa cumplir bien su misión de ama de casa, procurará adquirir siempre un suplemento de vajilla y cristalería, sobre todo, cuando éstas sean de algún valor artístico, en previsión de que un percance, demasiado frecuente en todas partes, descabale un servicio que quizá pasados algunos años no podría reponerse. Los servicios de porcelana deben fregarse con mucho cuidado, pues cuanto mejor sea más fácilmente se rompe. El agua no estará demasiado -5 7 8- lo prometido voy á ocupar C umpliendo de mesa; una me las cosas más del servicio de in-