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-P e r o os sonreís. -JN os sonreimos de... terror, ¿sabes? ¡Como la cosa es tan macabra! -Macabra ó no, es como es, no como yo quiero que sea... M a m á os lo referirá lo mismo que yo lo he hecho... M i r a d aqui viene Su Ilustrísima. T í o un momento. U n momentito nada más á estas loquillas... ¿E s cierto que hay sueños... prof éticos? ¡Jesús, hija m í a! i Qué cosas me preguntas así, tan de sopetón... -E s que j o digo... I l u s t r í s i r a a es que Niní dice... -C a l m a calma, cotorritas, avispillas; un poco de calma... Sí, hay sueños prof éticos, ha habido siempre sueños profetices, explicación ó anuncio de algo que permanecería indescifrable ó inadvertido sin la divina intervención, y durante los cuales los ocultos designios del Señor se aclaran, se transparentan para el elegido, para el profeta, p a r a el vidente... ¿Habéis olvidado la lucha de Jacob con el ángel? ¿N o recordáis los sueños que José, su hijo, explicó al propio Faraón y al copero y al repostero de éste... ¿L o s del patriarca glorioso San José, reveladores de la Concepción misteriosa de Aíaría, iniciadores de la huida á Egipto... -S í tío, sí; los recordamos perfectamente, no los hemos olvidado; pero yo no me refiero á éstos, á sueños de profetas ni de elegidos, sino á los que podemos tener nosotras cualquier noche y que signifiquen algo... ¡E h niña, o j o! Que te me cuelas en El Tesoro de los Sueños ó en cualquier otra brujería estúpida por el estilo! Ya te estoy oyendo: U v a s n e g r a s lágrimas con fatigas. U v a s blancas llanto agradable... -i Ay, qué gracia! ¿Lo ves, Niní? ¡P e r o si no es esto! ¡Cómo me explicaría y o V e a m o s ¿puede aparecerse en sueños un alma del otro mundo? ¡Eso, eso, sí, lo de las almas! -Pero, chiquilla, ¿tú eres una ursulina ó eres la Sorbona... Claro es que sí, que puede aparecerse, no sólo en sueños, sino en perfecta vigilia... Pero ¡es tan raro el c a s o ¡Se ha comprobado tan pocas veces... Cierto es que se cuenta el hecho de haDerse presentado un ánima solicitando sufragios, reclamando honras prometidas; á veces, la de un reprobo infeliz implorando ser exhumado de la tierra bendita que lo sepultaba... P e r o pero... ni esto, es artículo de fe, ni cosa de criaturas, ni tan claro que sobre ello pueda dictarse rápida y ligera sentencia... -Pues papá bien dice y hasta explica que... -P a p á es un herejote bobo, á quien yo estir a r é de las orejas como más vuelva á meterse en eso de la Teosofía. ¡Miren por dónde le ha dado a h o r a ¡P e r o si dice que él no lo cree, tiíto! ¡Hasta ahí podía llegar la tontería, hasta comulgar con esas ruedas de molino! -Entonces... ¿cómo se explica lo de abuelita Clara? ¿Y qué es eso de abuelita Clara? Lo del cristal... ¿P e r o usted n o lo sabe? ¡Q u é he de saber yo, hijita, con los años que hace que no os veo 1- ¡Cuéntalo, Niní; cuéntalo otra v e z! i- ¿Lo cuento, tío? Venga, niña, si no es muy largo... A ver de qué se trata... -Pues se trata de cuando vivíamos en P u e r t o Rico, es decir, ae cuanao allí vivían mis padres, pues yo no había nacido aún en la época en que ocurrió lo que refiero. Residía mi familia en San Juan, y pasaba grandes temporadas en la hacienda Paquita, situada al otro extremo de la isla, entre los ríos Canas y Bucana, cerca de Ponce, donde papá tiene un hermoso casón con honores de palacio, y en el que, en una magnífica capilla, hay un panteón, el Escorialito, como papá lo llama, donde descansan los restos de muchos de nuestros ascendientes. Estando allí mi familia en tiempo de zafra, enfermó de nada, de viejecita nada más, mamita Clara, abuela de mamá, y allí murió, quedándoseles entre las manos como ui pajarito. Enterrósela en el panteón en uno de los muchos nichos vacíos que aún había y que aún hay esperándonos á todos, y al terminar la recolección, mi familia desertó la hacienda y regresó a San Juan, con la pena de haber tenido que dej a r á abuelita tan lejos y par. i siempre. E n t r e los numerosos negros de la finca había uno, llamado J u a n de la Cruz, conocido por los demás morenos con el nombre de Bii- Schmá, que en su lengua de ellos creo ciue quiere decir Padre del Viernes... -Jueves, como si dijéramos... -Como si dijéramos Jueves. Este Cruz estaba casado con una negra, llamada Clara también, como abuelita, que había sido su madrina de pila y de boda, y este matrimonio era el encargado del cuidado de la casa en ausencia de los demás criados que mi familia llevaba allá con ella, y q u e con ella regresaban á San Juan terminado el veraneo; Y nada, no pasó nada en mucho tiempo, cerca de un af- O, hasta que un día, estando todos en la hacienda, murió el negro Cruz, y tanto y tanto sintió su muerte la negra Clara, que comenzó á desvariar y casi llegó á enloquecer. Como en la casa era muy querida, trataron todos de consolarla, prodigándole los mayores cuidados, con lo cual pareció recobrar poco á poco sus fuerzas y sus sentidos, quedándole sólo un miedo cerval, un terror inmenso, que la impedía permanecer sola ni un instante, pues en cuanto se daba cuenta de que nadie la acompañaba, lanzaba un grito horrible y corría desatentada en busca de compañía que disipase sus terrores- -Interesante es el folletín, nena, y preveo el final. L a negra Clara había cobrado horror á los m u e r t o s necrofobia, que diría tu tío el literato... -S í Monseñor, horror á los m u e r t o s no precisamente á los muertos, á u n m u e r t o -Claro. Al difunto P a d r e del Viernes, ¿eh? ¡Ca! Monseñor; ahora verá Su Ilustrísima... ¡A abuelita Clara! ¿A abuelita Clara después de tanto tiempo? -S í tío, sí; á abuehta Clara... Veíala por todas partes, aparecíasele en todos los rincones, hallábala detrás de todas las puertas, adivinábala flotando en todas las sombras. Diríase que la llevaba ella misma dentro de sus ojos, como esa manchiía roja y verde que vemos en la obscuridad después de haber mirado el sol. -Sí, sí, N i n í en el colegio m e ha pasado á mí eso muchas veces. E s una mancha cuadrada, con rejas, como una v e n t a n a primero, roja como wn r u b í después, verde como una esmeralda, y cuando se la mira, corre, corre, y se borra en lo alto para volver á aparecer abajo de todo luminosa, esmaltada... Y m i r a n d o hacia lo obscuro ó