Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Í; f A I- 1 N- hk I i d. 1 1 i in i r. i II 1 i- M. 1. I miiinl LA EDAD DEL ALMA F R E S N E D O ¿Y dice usted que no vendrá á comer? DOÑA B L A N C A -N o sabemos, amigo F r e s n e d o Con mi cuñado es imposible confiar. Dice á lo mejor que come fuera de casa, y se presenta á media comida. Pero, de costumbre, se despide hasta luego... y nos acostamos sin verle de r e tirada. FRESNEDO. -Cuánto siento, caramba... ¿Y u s tedes no saben dónde podría encontrarle? Se trata de u n asunto urgente... DOÑA BLANCA. -Ta, ta, t a Cualquiera sabe ha hecho la vista gorda. FRESNEDO. -Dichoso él, que ha podido hacer la vista gorda ante los smsabores... Porque hay á quien no le vale hacerse el distraído. DOÑA BLANCA. -A nadie nos vale, tiene usted razón, menos á él, que le ha dado por vivir muy feliz y por pintarlo todo m u y alegre. F R E S N E D O -P o r eso le llaman el pintor optimista. DOÑA BLANCA. -Otras cosas ie llaman también, dónde está á estas horas, ni á otras, el famoso don Teodorito. FRESNEDO. ¿Estará en el T i r o? DOÑA BLANCA. ¿En el T i r o? Mire u s t e d eso del Tiro bien podrá ser u n o de sus muchos pretextos, ¿n o le parece á usted? FRESNEDO. -Ah, usted cree... El me lo ha dicho muchas veces, señora. DOÑA BLANCA. -No haga usted caso; es de los que se creen sus propias mentiras. FRESNEDO. -Al Círculo sé que va muy poco... DOÑA BLANCA. -Desde que dimos en ir á b u s- carle allí... y no le encontrábamos, claro, tuvo que dejar de decir que iba al Círculo... Donde tal vez podría usted encontrarle es en el cine, viendo el vermouth... F R E S N E D O ¿E n qué cine? usted lo sabe. El tenorio chocho, el pollo verde... Y verde ó no, es el pollo de la casa. Ya ve u s ted sus hijos... Pedro, el mayor, muchacho ejemplar, espejo de costumbres; Arturo, el pobre, delicado siempre, sin poder sahr á la calle, y Alvaro, solitario, tristón, decidido á ingresar en la vida monástica... ¿L e parece á usted bonito que el viejo parezca el más joven de la familia? FRESNEDO. -Cierto; es un viejo que no lo parece. DOÑA BLANCA. -Le sobran alifafes, pero conserva los entusiasmC S de un mozo. Si le oyera usted hablar de sus proyectos artísticos... FRESNEDO. -Le oigo, le oigo. Habla de sus trabajos y espera en los triunfos más lejanos, como si fuera á vivir siempre. El optimismo de don Teodorito es famoso en todas partes. Su corazón es menor de edad. Lleva dentro del pecho la eterna juventud... DOÑA BLANCA. -Pues, á pesar de su eterna j u- DOÑA BLANCA. ¡Vaya usted á saber en cuál! Pero que anda en alguno de ellos es cosa probable. El cine es su campo de operaciones. FRESNEDO. -Su campo... DOÑA BLANCA. -De operaciones amorosas. Bien inocentes p o r cierto, á juzgar por lo que él predica y nosotros presumimos. Todo se reduce á buscar modelos de p u r a raza madrileña y á enamorarse platónicamente de cada modelo que elige. F R E S N E D O ¿Y precisamente en los cines es donde se encuentran tales tipos? DOÑA BLANCA. -Ahí verá usted... E n n o m b r e ventud, se morirá el mejor día como cualquier viejo... El dice que la muerte es lo único desagradable de la vida, al revés de tantos como en el mundo no piensan más que cerrar el ojo para poder descansar. Ya ve usted si tiene ilusionesFRESNEDO. -Pues, con permiso de usted, voime en busca de ese pollo inmortal. ¡Qué diablo! Recorreré todos los cines. ¿Qué género cultiva? ¿L a comedia... el género chico? DOÑA B L A N C A -N a d a de eso. L a s varietés, con el pretexto de las películas; ¡el cuplé francés, esa es su especialidad, á creer lo que nos dicen í FRESNEDO. -Señora... del arte, hay que creérselo. Vaya usted á llevarle la contraria á los artistas... E l arte se encuentra donde ellos dicen, y á veces vemos que no es allí, sino en otra parte, donde reside. FRESNEDO. trabaja ahora mucho D. Teodorito? DOÑA BLANCA. -Mucho, siempre trabaja mu- c h o no sabemos cómo, esa es la verdad, porque siempre está en la calle; pero ello es que cada cuatro días tiene u n a obra nueva. il DON TEODORO. -Vamos, siéntate y descansa. Y, después que hayas descansado, dime qué angustias de muerte son esas que has venido á contarme. E U G E N I O -N o lo tome usted á broma, don Teodorito, que es cosa demasiado seria. D O N TEODORO. ¿No lo Ue de tomar a bromia, hombre? ¿Cómo crees t ú que deben tomarse las cosas á los veinticinco años que tienes? Pues á broma. ¡Q u e es cosa demasiado seria 1 L a s co-