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mmídEn EKsmn PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE PARÍS MIÉRCOLES a DE ACOSTÓ I a coquetería no pierde nunca sus derechos, y cuando no es excesiva simboHza una virtud. La mujer sin una pizca de coquetería (bien entendida) es una flor sin aroma. La mujer elegante no puede prescindir de todos los detalles que puedan realzar sus encantos. Las toilettes de viaje no están exentas de esta regla, y representa un problema de arte unir io práctico á lo bonito. Llega un momento en el cual aun las más encariñadas con su hogar desean abandonarlo; no sólo por las molestias que el calor proporciona, sino por el horror de ver completamente desmantelada la casa. Las cortinas recogidas, los muebles enfundados y las mesas sin cachivaches, nos producen una impresión de tristeza que nos impulsa hacia la playa ó el monte en busca de aire respirable y de alegría. Si la temperatura permitiese conservar las casas con esas mil pequeneces que prestan vida y expresión á las habitaciones, seguramente sentiríamos mucha pena al abandonar nuestro rincón; pero viéndolo todo cubierto de blanco, herméticamente cerrados balcones y ventanas, parece que algo nos impulsa hacia el tren. L a s toilettes de viaje merecen preferente atención, y digo las porque no basta una sola. Nuestras inclinaciones vagabundas aumentan por días gracias á las comodidades con que se viaja y al atractivo de los lugares que merecen ser visitados. Fácilmente se deja uno arrastrar por los amigos para organizar intrépidas y alegres excursiones, y aunque la residencia fija esté en el campo, seguramente habrá muy cerca un Casino que imponga la necesidad de vestirse y de tener algunos sobretodos de seda cruda, monísimos, muy ligeros para no arrugar el vestido, lo bastante consistentes para que el polvo no penetre, y con la ventaja inapreciable de poderlos lavar y planchar sin temor de que se estropeen. Los trajes de viaje pueden hacerse de dos modos con vestido completo hechura de sastre y blusa de hilo en forma de camisa con enorme jabot, ó utilizando una falda algo deslucida con la misma blusa y un gran abrigo largo y amplio que lo cubre todo. Estos se hacen, con preferencia á ninguna otra tela, de ratine, género resistente y agradable. El derecho es de un solo color, y el revés, escbcés, lo que simplifica extraordinariamente su confección. Este abrigo puede utilizarse lo mismo para el tren que para el automóvil ó el coche. L o s vestidos hechura de sastre son de medios colores, imitando las telas para hombre, 6 de tejidos ingleses de varios tonos, recordando el colorido de las plumas del faisán. Las faldas tienen dos profundas tablas á cada lado, sujetas con trabillas, que se desabrochan cuando la necesidad de subir á un monte ó de saltar una zanja lo exija. L a corbata de lazo, de piqué blanco, cuyo cuello se mantiene derecho por medio de un pequeño aparato de celuloide que se coloca entre ambas telas, es el complemento de una toilette de excursionista. Los sombreros más cómodos son, sin el menor género de duda, los pequeños, flexibles, pegaditos á la cabeza por detrás, para que no dificulten el poderse recostar sobre el respaldo del coche. Estos sombreros suelen tener un ala vuelta que se baja sobre los ojos para protegerlos contra la luz excesivamente brillante é intensa del día. Los más prácticos suelen hacerse de paja obscura con el ala de otra paja más fina de un tono claro que favorezca. El adorno se reduce á un coiiteau ó á un pompón de pluma desrizada de diversos colores. L a s gorras que cubren por completo la cabeza han sido el objeto i jeferente de las modistas, donde han reconcentrado su atención, llegando á confeccionar verdaderas preciosidades. Son muy prácticas, porque evitan que el pelo se estropee con el polvo, y permiten la colocación de una gasa fina y transparente que sirva de marco á la cara. Esta es una nota de coquetería extraordinariamente femenina. CoNDES. A D A R M O N V I L L K LA PLATA cubiertos. Si son muchos de familia y tiene de vez en cuando gente á comer, entonces tendrá que aumentarse el número en relación con las personas, calculando siempre como mínimum tres cubiertos por cada cornensal. Los accesorios del servicio pueden ser los mismos; sólo en- caso de que los comensales fuesen más de ocho deberán duplicarse fuentes, salseras, etc. etc. Plata bonita y abundante debe de ser el lujo de una casa bien ordenada, y su estado de limpieza indica si la dirección y el arreglo interior es bueno ó malo. Para el servicio diario da excelentes resultados el metal blanco plateado; es menos susceptible á los golpes y no se raj a tan fácilmente como la plata maciza. El metal blanco, compuesto de cinc, cobre y níquel, es resistente y recibe perfectamente el baño de plata. Toda señora que sea buen ama de su casa deberá procurarse para el uso constante un servicio completo de este metal, lo mismo de mesa que de café, té y chocolate. Esto tiene dos ventajas de mucha importancia: la primera, reservar la verdadera plata, y la segunda, no descomponer las vitrinas, que constituyen uno de los principales adornos del comedor. P a r a conservarla siempre brillante, conviene lavarla con agua caliente y espuma de jabón, y después de bien seca frotarla con una gamuza. No deben emplearse polvos ni aguas fuertes de ningtm género, porque el menor descuido de un A 5 6 7 8- ni servicio de U ta casa bien montadalo exige un tres docenasplanumeroso; por menos, de