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1 IJ p- L. nfa. i í -4 S. NUESTRO TESORO ARTÍSTICO La iglesia de San Marcial del pueblo de Albapedroche, desde tiempo inmemorial tenía un vaso de noche de un valor monumental. Sin suficiente talento para ver que era un portento aquel cacharro sencillo, mil veces el monaguillo utilizó el monumento. Y hasta el párroco hay quien diz que se quitó en día aciago la austera sobrepelliz, incurriendo en el desliz de dar ejemplo al monago. Puso término á este ultraje, digno de todo reproche, cierto insigne personaje que una vez realizó un viaje al pueblo de Albapedroche. Era un inglés ricachón, capaz de dar un millón por un botijo romano, para hacerse la ilusión de que en él bebió Trajano. Fué á visitar San Marcial este anticuario eminente, y, como era natural, encontróse frente á frente con el bello ori... ginal. Lo cogió con la alegría del que encuentra una presea, y vio que el asa tenía una inscripción que decía: Libero capite mea Grabadas en su interior tenía el vaso pinturas de inestimable valor sobre escenas y aventuras de los tiempos de Almanzor. Y por fuera dos ó tres figuras de estilo etnisco de tan inmenso interés, que al verlas dijo el inglés: -Esto ser lo que yo busco. Creyeron seguramente que no estaba en sus cabales cuando exclamó sonriente: -Yo dar un millón de reales si llevarme el recipiente. Pocos momentos después dejaba en el cielo azul encajes de humo un exprés, conduciendo á nuestro inglés con su chisme en el baúl. De aquel negocio redondo, un diario, ebrio de furia, se expresó con dolor hondo en su artículo de fondo, titulado Nuestra incuria Y la voz de un diputado, velada por el sonrojo, tuvo al Congres. o asustado mientras habló del despojo que consentía el Estado. Se armó un alboroto tal, que el cura de San Marcial, hombre de los más modestos, al oir tantos denuestos creyó haber obrado mal. Y previa devolución del suspirado millón, se consiguió que el inglés comprendiera el interés que sentía la nación. Tornó al pueblo el instrumento, que lo recibió contento de su riqueza anticuaría, y el monaguillo del cuento volvió á... su vida ordinaria Aliviado ya del susto, el diario ijil; insigente nos sirvió un plato de guste con su artículo elocuente titulado Aplauso justo RAMIRO MERINO. De nuestro Concurso, Lema: Satiriquín