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sobre todo, de las pertenecientes á la clase media, que la utilizan sin la frivolidad de las que recurren á ella por falta de disiraccioiies superiores y sin la amargura de Tas ue la necesitan para vivir. Para las primeras, que no se hagan ilusiones, es sencillamente un pcdacito de acero; para las segundas, un símbolo de gloria, y para nosotras puede llegar á ser el factor principal de un arte modeste y descouociilo, pero muy útil. Me refiero al arreglo de los vestidos. V m las más tímidas suelen arriesgarse, teniendo bviciios patriines, á cortar tuia blusita ci un vertido sencillo de mañana; pero muy pocas se lanzan á confeccionar un traje de sastre. Esto es natural; el corte es m. uy difícil, puesto eme debe de ser perfecto, y la colocación del cuello es de ic más complicado, hasta para la mayorío, de las nnodistas. Parece indispensal. ile la mano fuerte del hombre para esta clase de vestidos, cuyos defectos no pueden disimularse bajo un encaje c una jareta. Resignarse á no tener lo que todo el muna- j usa, es un poco duro, y conseguir lo que no se puede es imposible, si no viniese en nuestra ayuda el arte de reformar, que es el más útil. Las modas cambian radicalmente de un año para otro; pero procurando hacerse un traje de sastre, de buena tela y de un color que no pierda, se transforma fácilmente. Sin desmontar nada de la parte superior, se descose el forro hasta la altura de media espalda, y todas las costuras, planchándolas por el revés para que desaparezcan las huellas de los pespuntes. Con objeto de que la linea sea recta, es preciso quitar de todas ellas la linca que marcaba el talle, y para tapar los piquetes que indispensablemente tendrá la tela, se cubre cor. sutache. cosido de canto y muy unidos unos a otros, de modo i; ue parezca una aplicación entera. De es: a manera, la chatiueta se moderniza sin necesidad de tocar el cuello, y el vestido puede seguir utilizándose todo el tiempo que, la tela esté en buen estado. Es un error creer ciue las telas baratas son económica. la -crdadera economía consiste en comprar telas buenas, en que el vestido lo haga un sastre de corte irreprochable y en que su dueña posea todos los secretos del arfe de modernizarlas. DE TIENDAS 1 ace algunos años, la satisfacción de ser elegi do como padrino de bautizo estaba mezclada con grandes contrariedades. La lista de regalos producía una sensación de terror al pobre padrino, y muchas veces, no sabiendo cómo excusarse, acudía al conocido recurso de las supersticiones. No, amigos míos, exclamaba; no quiero, orque tengo muy mala mano. En realidad, lo que no tenia era valor para hacer tm obse uio al bebé, otro á la madre, dar una cantidad alzada al ama, flores á la madrina y costear el chocolate para los invitados. Un bautizo era peor que una enfermedad para el padrino. Hoy, las costumbres se han modificado, reduciéndose su obligación á regalar un objeto al recién bautizado. Los crue se encuentren proxim os á desempeñar este papel deljen ver los bonitos estuches conteniendo todo! o que el pequeño irá necesitando en el primer año de su vida. Un sonajero, con argolla de marfil; una tacita, con su cucharilla de borde redondo; el cubierto y un aro para el babero; todo de plata mate ó brillante. I o que generalmente no suele encontrarse en los hoteles ó casas de campo, son relojes de sobremesa, y, mucho menos, que sirvan para tenerlos al lado de la cama. En previsión de esto, conviene adcjuirir antes de salir para el punto donde se piensa pasar el verano el reloj de viaje, que reúne todos los atractivos y cualidades para ser indispensable. De dimensiones reducidas, esfera clara, mác uina segura, y encerrado en un estuche de piel para que no se oiga el tic tac, que en el silencio de la noche es intolerable. A todo esto debe añadirse que es relativamente muy barato. mmm nmimmitt MUEBLES MODERNOS Escritorio, meslta y accesorios para gabinete de señora.