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Córtese, por asía raye LA AVIACIÓN Y LAS AVES 1 volver las obscuras golondrinas de las tierras lejanas- que emigraron al venir los fríes, llegaron asustadas. Porque habían hallado tales cosas al regresar á España, ¡ue era preciso reunir las aves en una jy. nta- magna. Recorrieron las calles y paseos, las torres y las casas, itando en incesante pío, pío á las aves hermanas. Y así que concurrieron á la cita todas las congregadas, en representación de las viajeras habló la más anciana. Sepan- -les dijo- -todos los presentes, los pájaros y pájaras, que hemos visto al venir de luengas tierras un ave nueva, extraña. Es inmensa, y carece en absoluto del pico y de las patas, y cuando va volando por los aires hace un ruido que espanta. Y es lo más asombroso de su vuelo que no mueve las alas, pues vuela dando vueltas á la cola. ¿Quién vio cosa tan rara? A juzgar por lo grande de su cuerpo, deben de hacerle falta para alimento miles de avecillas, y esto nos acobarda. ¿Qué va á ser de nosotras, compañeras, si esa ave nos ataca? Diio, y al terminar, todo el concurso soltó la carcajada. Y un gorrión contestó: Ya se conoce que procedéis del África. Guardaos de las aves de rapiña, que esas sí nos atacan, y no temáis al ave del progreso, ¡que no nos hace nada! L DE C a -243- ANÉCDOTAS INFANTILFS SATl S F A C C I O N COLMADA l príncipe Humberto, heredero de la corona de Italia, es un niño de seis años, fuerte, robusto, de inteligencia despierta y extraordinaria vivacidad. La familia real se encontraba hace poco en su magnífica residencia de Castelporciano, á orillas del mar. Aunque su madre se lo había prohibido el principito se divertía saltando al sucio desde un puentecillo bastante alto, hasta que al fin cayó, roduciéndose una pequeña herida. La reina- Elena acudió inmediatamente y reprendióle con severidad. En aquel momento llegaba un criado con una cesta de naranjas para Humberto y sus hermanitos, y la reina, como buena madre, quiso castigar al hijo desobediente para evitar la repetición de la falta con el recuerdo del castigo. Y le dejó sin naranjas, dando su parte al hijo de un guarda. Pero el príncipe, al verse humillado, sintiendo ese furor infantil de todos los chicos, se lanzó sobre el niño agraciado, le quitó las naranjas y líis tiró al mar. La reina Elena volvió á castigarle encerrándole en un cuarto, y) or la noche, á la hora de cenar, contó al rey lo sucedido. Víctor Manuel, entonces, le dijo á Humberto que escogiera entre ir á pelir perdón al hijo del guarda á quien había ofendido gravemente ó uedarse ocho días sin postre... El conflicto era grave para un niño; pero al fin lo resolvió Humberto buscando al chico del guarda para darle la satisfacción que su padre le decía. Y á la mañana siguiente, por impulso propio, cogió la naranja más gorda y encarnada y corrió á la playa en busca del muchacho para ofrecérsela después de un abrazo. Cuantos presenciaron la imprevista escena, quedaron encantados. Los reyes colmaron de besos al príncipe, muy satisfechos de aqtte 11 a explosión de sus buenos senti. nientos. E -240-