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i No volváis nuevamente, vanas quimeras que de niveas galas ciñera un día mi entusiasmo ardiente, porque ya sé que dejan vuestras alas profundos surcos al rozar la frente! Busco la realidad tangible y viva, no la hueca ilusión engañadora que se engendra en el sueño, y, fugitiva, se desvanece al apuntar la aurora, como delirio de la mente enferma: no quiero que la dicha á fascinarme venga con falso halago mientras duerma, ¡pero quiero encontrarla al despertarme... No quiero que la ardiente calentura en mi cerebro evoque la incorpórea y fantástica figura que no á querer, sino á anhelar provoque; quiero admirar la plástica hermosura y que mi mano con afán la toque, como se ve y se palpa la escultura que, del cincel al vigoroso choque, surge maciza, resistente y dura de las entrañas del marmóreo bloque. ¡Oh, imposible ilusión... Como el amante que invitilmente la ventana ronda, cuanto más desdeñado más constante, y que, al par co Is copla y con la queja, llama, sin que se- apiade ni responda su adorada asomándose á la reja, te invoqué con la estrofa y con el llanto, y sufrí, en mi pasión intensa y honda, tu desdén, tus perfidias y tu encanto. Pero nunca del cielo descendiste á templar mi ansiedad y mi martirio, y cuando, siempre alucinado y triste, en las sombras del sueño ó del delirio con los ojos del alma te veía, sin precisar tu forma ni tus trazos, una vez y otra vez, cuando creía estrecharte, sentía sobre mi pecho resbalar mis brazos. ¡Mas ho) que, despreciando la quimera, amo con terca obstinación la vida- -esposa fiel que sin dormirse espera, conservando su lámpara encendida, -no temo que mi encanto á la mañana se desvanezca por el sol deshecho, ni huya la realidad cual sombra vana, pues cada vez que con furor la estrecho, corpórea, viva, terr nal y humaaa, palpita entre mis brazos y mi pecho! MANUEL DE SANDOVAL,