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m M mTm En memn l l PAGINAS FEMENINAS m á CRÓNICA D E PARÍS MIÉRCOLES 1 9 DE J U L i e orno oírecí en la última crónica á mis amables lectoras, hoy voy á ocuparme de los vestidos ta 1 bonitos y tan á propósito para la presente esta ión y con los cuales no puede competir ninguna extravagancia, por original que sea. Los bordados, las batistas y los encajes siempre serán elegantes y nadie podrá discutirles el cetro durante los meses de verano. H e visto modelos deliciosos de linón y de tul point d esprit, con pañoleta rodeando los hombios. Esta pañoleta con encajes sirve de marco á una guimpe transparente. L a falda, redonda y con bastante vuelo, se adorna con tres volantes de encaje. Una cinta ancha Pompadour forma el cinturón, imprimiendo la nota de duro contraste que constituye la moda actual. Estos vestidos se usan sobre un viso independiente de raso subierto de gasa para dulcificar su transparencia. Teniendo varios visos, blanco, rosa ó azul, un mismo vestido puede tener aspectos muy distintos. O t r o realmente muy complicado, y que puede llamarse una obra de arte, es de encaje antiguo blanco y bordado inglés, con incrustaciones de Chantilly. Fia llegado el momento de utilizar los volantes clásicos de encaje, que eran indispensables en la canastilla de Doda de nuestras abuelas; el Chantilly vuelve á recuperar su puesto en primera fila. Sobre fondo gris perla es de un efecto maravilloso, combinándolo con tul negro ó blanco bordado. Bajo la base de estas líneas generales conviene estudiar detenidamente todos los detalles de una toilette, sin descuidar ninguno, ni aun los que parezcan más insignificantes, cuidando que todo sea armónico, discreto y razonado, no olvidando lo que dijo Balzac: T o d o lo que tiene por objeto llamar la atención, es de mal gusto. E n t r e los detalles encantadores que han surgido últimamente en París, merecen especial mención las echarpes de muselina de seda blanca, rodeadas con dos guarniciones de cisne, separadas por un cordoncillo de terciopelo negro. N o puede imaginarse nada más ligero ni más atractivo para completar una toilette de verano. Igualmente son bonitos los grandes abrigos de gasa negra sobre muselina blanca, guarnecidos de pluma. L a forma es muy parecida á la de los capotes de m o n t e pero, naturalmente, abierto hasta el borde, porque si hubiese que ponérselos por la cabeza producirían una verdadera catástrofe. Entre sus muchas ventajas, la primera es que permite admirar. el traje á través de su ligero tejido, y al mismo tiempo cubre la figura lo suficiente para no ir á cuerpo, cosa que disgusta á gran número señoras, sobre todo, á las que ya no conservan la esbeltez de los primeros años. P a r a esta clase de toilettes tan vaporosas se hacen sombreros ideales de lingerie, cuya forma recuerde á las Charlottes, tan prácticas para los ni- ños chiquitos y las muchachitas hasta los doce 6 catorce años. L a mayoría son de bordado inglés, con dos ó tres volantes de encaje antiguo, y como único adorno una rosa. JVIe han contado, asegurándome que es verdad, que una señorita, perteneciente á la más alta aristocracia inglesa, por cuya belleza y extraordinaria elegancia es admirada en todo el reino, tiene el capricho de vestirse de blanco durante el verano, usando siempre sombreros como el que acabo de describir; pero en vez de adornarlos con una rosa, los adorna cada día con un ramo de flores frescas, igual al que coloca sobre su mesa y al que se prende en la cintura. Es un capricho que no carece de originalidad y buen gusto. También han tenido gran aceptación los sombreros de paja de Italia, con volantes de bordado ó encajes, cubriendo por completo la copa y parte L A CONDESA D A R I M O N V I L L E ORIGEN DEL ENCAJE I a moda actual da tanto valor al más insigni ficante pedacito de encaje, y los busca con tanto afán en el fondo de las arcas, qvie, desde luego, juzgo interesante todo lo que se refiere á ellos y á su fabricación. H a y dos géneros de encaje completamente distintos entre s í el que se hace con aguja y el de bohllos. El de aguja tuvo su origen en el bordado, y su antigüedad lo demuestra. Aunque se pretende que el encaje data de épocas remotas y que era conocido entre los griegos, es más verosímil la opinión muy documentada de Félix Aubry, de Alan S. Colé y de Mme. Bury Palliser, los cuales afirman que hasta el siglo x v no ha sido posible comprobar la existencia del encaje. Los egipcios y los orientales, tan hábiles para toda clase de trabajo manual, tejían gasas fil ísi. mas y anudaban hilos, y hasta bordaban estos tramos ligeros como espuma; pero esto no pasa de ser el origen del encajé y está muy lejos de, la perfección. Hacia fines del siglo x v se generalizó esta clase de labor y se convirtió en industria. Del bordado que se recortaba, reservando ¡as partes caladas, nació poco á poco el arte de hacer encaje; cada día iban haciendo calados más primorosos, y como dice M. Lefébure en su notable obra sobre encajes: S e empezó por calar los huecos que quedaban entre las flores, y después se calaba todo el dibujo, dejando escasamente la tela precisa. Al principio se bordaba sobre tejidos gordos, y después en ruintin, una tela transparente que se fabricaba en Bretaña, en una pequeña aldea de ese nombre. L a malla adquirió en Francia gran importancia; en los siglos x v y x v i todos los mobiliarios 5 678-