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Eduardo. Alberto. Mary. Enrique. Jorge. Juan. LOS PRINCIPES DE INGLATERRA Y 3- sabéis que los Reyes de Inglaterra acaban de ser coronados con toda la solemnidad que se acostumbra en tales casos. Seguramente- habréis leído la descripción de tan magníficas ceremonias, ó escuchado á vuestros papas cuando las leían en los periódicos... Entre las noticias relativas á ese acontecimiento había una donde se daba cuenta de que los príncipes de Inglaterra asistieron al acto, pero nada más. Y como suponemos que os interesará saber algo de estos jóvenes, hijos de los Reyes coronados, os lo vamos á decir ahora: íson seis: Eduardo, el heredero del trono, que tiene diez y siete años; Alberto, que tiene diez y seis; Mary, catorce, Enrique, once; Jorge, nueve, y Juan, seis. Hace pocos números, contábamos en estas páginas una anécdota referente al mayor de los hermanos, ó sea el actual Príncipe de Gales. Y entonces dijimos que á todos ellos se les educa con verdadera severidad, porque esto es preciso dada la ceremoniosa etiqueta que la Corte impone, y sobre todo la inglesa. Sabido esto, ¡cualquiera envidia la suerte de los hijos de los Reyes! Claro es que esta severidad no excluye el cariño de los padres. ¡No faltaba más... El Rey y la Reina son muy padrazos, y dedican muchos ratos á sus hijos, particularmente á los más, pequeños, satisfaciendo sus pequeños caprichos. El Príncipe de Gales y su hermano Alberto son ya alumnos de la. Escuela Naval de Dartmouth, donde visten el uniforme como todos sus compañeros, y siguen los mismos cursos y hacen los mismos ejercicios que los demás. Es decir, que no gozan de ningún privilegio aunque son príncipes. Ni siquiera pueden galir un día de la Escuela sin obtener el correspondiente permiso. Únicamente los dpajingos. jjueaeii ir ü jjüsar el día con sU lamilla x uai ij. ue loüoa -286- No hace mucho, Eduardo y Alberto pasaron el sarampión, víctimas de la epidemia que atacó á casi todos los alumnos de la Escuela. Los otros hermanitos aún no siguen estudios formales; pues todavía no tienen edad á propósito para ello. Sin embargo, la tiiáyór parte de sus juguetes están destinados á iniciarles en el atnor al estudio tanto como á divertirlos. Álbumes de animales y de- plantas, rompecabezas geográficos, cajas de dibujo, estuches de- matemáticas, colecciones de hierbas y de insectos, etc. etc. Todos ellos instructivos, como se ve. También se les enseña idiomas, cuyo conocimiento es para ellos más necesario que para, cualquierajatin siéndolo mucho para todo el mulido. El Príncipe de Gales demostró desde ijfiuy niño grandes disposiciones en esa materia. Actualmente habla, además del suyo, el francés y el alemán. Pero todo esto se suspende, como es natural, al llegar las vacaciones. Entonces los príncipes de Inglaterra no son más que muchachos, y, como todos, ansiosos de divertirse y de disfrutar de la vida. En el castillo de Sandringham, donde veranean encuentran la compensación de sus malos ratos invernales. Allí están sus animales favoritos: el poney Midget y Puck, el perrito, inteligente. Allí tiene cada uno un trozo de jardín de su pertenencia, que cultiva por su propia mano, cuidándole con el entusiasmo natural. Allí juegan al tennis, ó al golf, corren en sus carritos por los caminos enarenados, se columpian, saltan... ¡hacen, en fin, lo que todos los chicos que disponen de tiempo y de medios bastantes para divertirse... También suelen entregarse á los ejercicios de fusil y de sable, -en los cuales sobresalen Enrique y Jorge. Dicen que la princesa Mary tampoco se queda atrás en ellos, Eri ese castillo, además, gozan de los beneficios de una costumbre implantada por la reina Victoria. Pueden usar los juguetes de; los príncipes sus antecesores, que allí se conservan como reliquias. Entre ellos están las 132 muñecas de la misma reina Victoria, CCH lección üe un valor inestimable. -237