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Cuando llegó la hora dé ir al colegio, Carlos tuvo que separarse de la perra; pero queriendo hacerla menos triste su soledad, la bajó a. 1 jardín, y haciéndola mil cariños, la dijo: Espérame aqui, Chispita; yo vendré pronto, y por. Dios no grites ni ladres, para que la cocinera no te pegué. El pobre animálito parecía comprenderle, y echándose frente á la casa guardó silencio hasta que vio venir hacia ella á Zapaquüda. Entonces no pudo contenerse, é incorporándose, lanzó un aullido agudo y prolongado, capaz de conmover á una piedra. La gata se acercó, y empujándole con lá cabeza maulló dulcemente. Cada uno en su respectiva lengua debió decir muchas cosas, porque después de un prolongado diálogo, Chispa se levantó y siguió á Zapaquüda, Cruzaron la casa, salieron por la puerta de servicio, dieron la vuelta á la huerta y entraron en el establo. A la puerta encontraron á León ladrando y moviendo la cola alegremente. Debía salir del baño, porque estaba chorreando agua, y la hija del vaquero le quería secar con su delantal; pero era un perro tan grande y tan inquieto, que la chiquilla luchaba imitümente para reali- zar su deseo. León, al ver á Chispa y á Zapaqttilda, echó á correr con dirección á un montón despaja; pero la gatita, que era muy viva, metiéndose por entre sus patas llegó primero, y escarbando con mucho cuidado, descubrió tres gatos chiquititos y preciosos. Chispa, como las personas a la vista de la fehcidad ajena, sintió aviyarse su dolor, volviendo á aullar con profunda desesperación. Entonces León levantó con sus dientes un saco, debajo del cual aparecieron, muy bien colocados sobre otro montón de paja, los tres perritos. Chispa, loca de alegría, saltó sobre ellos; los lamíajles daba con sus patitas y ladraba desaforadamente; ÍÜégo Corría al lado de sus compañeros, y haciendo todo generó de monadas, quería demostrarles su gratitud. Cuando llegó, Carlos del colegio, preguntó por lá perra, y nadie supo decirle dónde estaba. Temiendo que hubiese descubierto el paradero de sus hijos, y que por buscarlos se hubiese ahogado, corrió al estanque; antes de llegar vio á, Fuencislá, la hija del vaquero, que le hacía señas para, que se acercase. Cambiando de dirección, se acercó á la niña sin dejar de gritar: ¿Dónde está Chispa? ¿La has visto? La niña le dijo, colocando un dedo de la mano izquierda sobre la boca, que se callase, y cuando estuvo á su lado, exclamó conteniendo á duras penas su emoción: -León es muy bueno; por algo le quiero yo tanto; ha salvado á los perritos de Chispa. ¿De veras? preguntó Carlos loco de alegría. Continuará. -384- EL C L A Y f i i CONTINUACIÓN ROJO 7. Para llamar la atención se vistió con presunción. 8. Mas supo que era esencisjl una flor en el ojal. 9. Vio á dos pollos bien portados con claveles encarnados. 10. Y por ir á la derniére adoptó tal bontonniere. C ¿W r V 1 m rw Q V o i m XY- f- c II. Apenas un paso anduv cuando un tipo, le detuvo. U 12. Y á un callejón con sigilo me le llevan casi en vilo. Continuará. -239-