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NOTAS TAURINAS agarrarse á los- caballos y cuando tin toro empuja salen pr- delante de las orejas y caen de latiguillo. Arremetió con fe el cornúpeto; Salió rebotado el piquero y, quedando en pie la cabalgadura cayó: ante la cara del toro, entré éste y el caballo. El trance era peligroso; había que hacer algo decisivo muy pronto, pues la vida del picador dependía de la oportunidad con (jue se hiciera el quite. Uno de los espadas pensó en el coleo, y soltando en el suelo su capote, aturdido por la misma inminencia del peligro, se asió corajudo á la cola del caballo, itidudablemente porque sería la primera qué encontró a mano, y el hombre, aunque se dió cuenta en seguida y soltó, hizo el ridículo unos cuantos minutos. Uno de. los banderilleros, joven andaluz, buen torero, hombre vivo y gracioso que aún torea y no joven ya, no pudo contener la risa y dijo: ¡Av; qué arasioso! Pero ¿qué hase ese fxombre? El matador, que era hombre de armas tomar, en el colmo de la indignación, arreó contra el, banderillero, y gralciás que éste, ligero como una pluma, saltó la barrera y se Colocó en el tendido á salvó de las iras del coleador. Así es qué en un momento se vieron en el tercio de varas dos cosas de; ás menos usuales en las corridas de toros. Un torero agarrado á la cola de Un caballo y otro con traje dé luces en el tendido. QUE LO PAGUEN TODOS p n vista de los precios señalados á las localidades en la corrida extraordinaria y extraordinariamente cconórnicá que preparó la empresa madrileña para el: día 9, se nos ocurre hacer algunas ligeras observaciones en las que no estaría demás que fijara la atención el empresario Sr. Mos luera. Tomamos por base una que tiene n precio que viene á ser un térmitio nedió, y es la que nosotros adquirinios para reseñar las corridas. Está localidad nos ha costado durante la temporada de abono tres pesetas setenta y cinco céntimos, más los impuestos, que eran veinte por ciento, y surhaban un total de cuatro pesetas cincuenta céntimos. Ahora parece que la empresa quiere mostrarse generosa con nosotros y eii la corrida extraordinaria sólo señaló tres pesetas, las que con los impuestos nuevos se elevan á cuatro cin- cuenta, igual exactamente que pagábamos antes. Pero i dónde está la equidad? En las pasadas corridas de abono hemos visto muchas tardes seis toros de ganadería cara y tres espadas que cobran honorarios crecidos, sumando el presupuesto de toros y toreros solamente muy cerca de 30.000 pesetas. El mismo Sr. Mosquera, al suprim i r el diez por ciento de bonificación que hacía á los abonados, dijo que se veía obligado á hacerlo porque los toreros le cobraban más dinero. Pues bien, echando las cuentas por muy alto, el presupuesto de toros- y t o r e r o s en la corrida del día 9 no creemos que llegara á 16.000 pesetas, y bien ha podido ser la rebaja proporcionada á la diferencia de gastos. No vamos á llevar las cosas al extremo de pedir que se rebajaran á la mitad, aunque bien podría ser; pero sí que ese tipo medio que hemos escogido como base hubiera guedado en dos pesetas cincuenta céntimos, que en total se habría elevado á tres pesetas tenta y cinco céntimos, muy suficiente para la clase de corrida de que se trata y á este tenor se habrían rebajado las demás, con lo que hubiéramos quedado más satisfecíjos todos. Si hay rebaja considerable es en algunas localidades de lujo, como las delanteras de grada de sombra y barreras. Las delanteras de grada- se pagaban á ocho y nueve pesetas con la añadidura de los impuestos, y ahora quedan solamente en cuatro. Con arreglo á la, diferencia de presupuesto, está bien que señale la empresa la mitad de lo que antes señalaba y los impuestos aparte; pero para todos, Sr. Mosquera, que todos somos hijos de Dios y no son los sostenedores de la fiesta sólo los que ocup a n las localidades caras, pues se trata de un espectáculo popular que antes y ahora lo ha sostenido e 1 pueblo. Es nuestro empresario un hombre que entiende mucho de números, según dicen, y si es así, fíjese y verá que los perjudicados, los que exclusivamente van á pagar el impuesto del Ayuntamiento, son los pobres que van á los toros, los que apartan tres ó cuatro pesetas todas las semanas y se privan de otras cosas más ó menos precisas; pero los otros no han teni; do nunca necesidad de privarse de nada. Creemos hablar con razón y justo es que en ello se fije quien debe fifarse y paguemos ese impuesto todos, incluso el empresario y los toreros, pues de lo contrario lo pagarán al final los hospitales, que se quedarán con su plaza cerrada ó con un producto de una cuarta parte del actual. ÁLBUM BIOGRÁFICO M A N U E L BUANCO fSLANQUlTO) I I no de l os mejores toreros de estos tiempos, con un conocimiento de l a s r e s e s y u n dominio de las situaciones difíciles que muy pocos llegan á tener. Como banderillero ha llegado á la más alta cumbre, y nadie se atreverá á disputarle un puesto en la primera fila, ganado por derecho propio y sostenido hasta hcy cuando ya tiene el hombre cincuenta y cuatro años. N o se me olvida nunca lo pronto que vio lo que iba á dar de sí aquel saladísimo escritor, inteligente revistero y gran aficionado que hizo tan p o p u l a r el seudónimo de Sentimientos. Cuando Blanquito vino a Madrid, hace ya sus veinticico años, en aquellas novilladas en que toreaban Cacheta, el Ecijano, el Manchao y otros, era tai su afán de hacer cosas, C ue se inmiscuía en todo, pues hacia quites, cambiaba d e terreno á los toros, corría, saltaba y ponía banderillas, generalmente bien. Estos entrometimientos motivaron censuras de algunos revisteros; pero el donosísimo Eduardo de Palacio auguró en seguida- qlie Blanquito iba á ser algo. más que ana vulgaridad, afirmando que había en él un banderillero de los que recordarían al Cuco, Muñiz, -Caniqui y otros varios de los que dejaron estela luminosa á SM pa o. No habrá nadie que se atreva á afirmar que Sentimientos se equivocó, porque si no hubiera otra razón de convencimiento, bastaría el hecho de, haber ocupado lugar preferente en las cuadrillas de Cara- Ancha, Reverte, Fuentes, Emilio Torres, Algabeño y Gallito, además de haber toreado con otros varios espadas, aunque no tanto tiempo. Con todos los matadores que If llevaron, íué en l a plaza la personn de confianza, el acertado consejen en los momentos difíciles, al que ha; obedecido en muchas ocasion. es Jo jetes cieP cmente. Es muy posibler que su exceso de ciencia taurina haya perjudicado ei: ocasiones á los espadas, pues siempre que ha visto tm peligro ha tratado de evitarlo en seguida, y sabido es que lo que necesitan muchos es que les achuchen diciéndoles: i DUPQ, ahí! Como todos los toreros que tienen la defensa más en la cabeza que- en las piernas, ha durado más que todps loside igual categoría que empezaron cuando él, y dispuesto está a durar todo lo que quiera, aunque no sea mucho ya, pues á su edad, hace mu-