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rarias y todos mis sayos caseros, alternando, como es consiguiente, el metro siempre vario de mis versos con el metro que mido las telas de mis confecciones. Lo que no hago nunca- -en buena hora lo diga- -es utilizar la tijera en favor de los demás; esa costumbre tan corriente de cortar sayos al que se presenta no es tarea que figura en mi taller de confecciones; harto hago con atender á la indumentaria de los míos, que necesitan sus repasos de vez en vez, y no meterme en camisa de once varas, y si en alguna ocasión me acosa la tentación malévola- -que nadie está libre de un mal pensamiento, -echo una ojeadita á mi alrededor y, considerando que tengo tela bastante donde cortar, prevalezco en mi buenísima costumbre. He aquí justificada la significación que tienen en mi vida íntima la pluma y el dedal, no obstante ser tan diversa la misión que traen al mundo el dedal y la pluma, porque hay que ver que yo no pierdo ripio en el manejo simultáneo de ambos objetos ¡bien se conoce, sobre todo, cuando hago versos! ni me excedo en la medida, cuidando debidamente la forma- ¡ah... -bien se conoce también cuando fabrico sayos y poesías, aunque mis cuidados especiales no impiden que alguna vez ha a mamarrachos- ¿A qué sastre no se le va una vez la tijera? El destino de la pluma, sin embargo, suele ser más fijo que el del dedal en ésta mi casa, aunque lógicamente pensando no debiera ser así, pues por su naturaleza efímera de pluma parece que debía ser más propensa á volar de un lado á otro, como va la imaginación que la impulsa. Pocas veces, en efecto, la pluma sepárase del tintero, que, por lo regular, tiene su puesto tradicional en el despacho, la habitación más severa de la casa; pero no hay quien lo libre del viaje semanal á la cocina para tomarle la cuenta á la lavandera; ésta es una comisión que le está reservada al magno tintero oficial de toda casa modesta, como la mía, y la susodicha cuenta- -en que anotamos las míseras prendas que enviamos ai río para que vuelvan limpias á cubrir nuestras carnes- -suele caer, por rara coincidencia, al reverso de una cuartilla, donde nuestro espíritu se elevó muchos palmos sobre la tierra- -y por ende sobre la ropa sucia- -rimando sus ensueños... ¡Oh, cuántas veces... 5 En cambio, el dedal, que á todas horas me llevo distraída en mis excursiones por la casa, aparece lo mismo encima del tocador, del piano, que en el fregadero. La costumbre, pues, de conllevarse uno y otro día, hace que cubran perfectamente las apariencias ante la sociedad mi dedal y mi pluma... i Qué manera de guardar la forma... ¡Sobre todo, el dedal... ¡Como que todavía, á pesar de su condición de ambulante, no le ha abollado ninguna planta hirsuta, conservando, por consiguiente, su forma primitiva... -Y en cuanto á la pluma, no obstante ir siernpre de corrida, jamás se ha extraviado ni cometido grandes incorrecciones, y, salvo que alguna vez se le hayan ido los puntos- -cosa muy natural tratándose de una pluma, -no hay tampoco motivo para hacerla ningún reproche. Ello es que mi pluma y mi dedal, á pesar de estos antagonismos de origen, se hacen el pasar, se toleran, lo mismo, exactamente lo mismo que ocurre en la vida social con truchísimas personas, lo cual no quita para que en el fondo no se í puedan ver y se desuellen vivos si se presenta ocasión- -aunque no sea ojjortuna, -imitando á muchísimas personas que también hacen eso en la vida con sus semejantes. Hemos pretendido demostrar la significación que una y otro- -el dedal y la pluma- -tienen en la vida de aquellas mujeres que lo son de su casa y sienten la picara vocación de las letras, por lo cual estos insignificantes objetos bien merecen el honor de que se les dedique un articulejo... aunque sea en broma. PILAR C O N T R E R A S De nuestro Concurso. lyema: Seráfica Dibujos de Martínez Abades.