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mmi EYi íEíismñ PAGINAS F E M E N I N A S iSi CRÓNICA D E PARÍS M 2 rC 0 LES 1 2 DE JULIO 1 a moda, cada vez más aferrada á su capricho, se empeña en autorizar todas las extravagancias y fantasías que nuestra imaginación cree. Esto constituye, á mi juicio, un peligro que amenaza constantemente al buen gusto y que no tardará en abolirle. Para las personas que saben elegir lo bonito y desechar lo feo ó ridículo, la estación presente les ofrece todos sus encantos como marco adecuado para la coquetería femenina. Todo parece concurrir para inspirar las más deliciosas toilettes; el tiempo espléndido, flores en profusión, que alegran la vista y embalsaman el ambiente, y preciosas fiestas al aire libre, que sirven de pretexto para lucirlas. París ha conseguido retener hasta fin de Julio á sus habitantes y á sus huéspedes; el Grand Prix ya no es la señal de dispersión. La estación actual nos permite rebuscar infinidad de novedades y de ideas ingeniosas para aprovecharlas en los días destinados al campo, donde la coquetería conserva todos sus derechos. En fin, puesto que la moda quiere reducir su misión á la de un hada indulgente y bondadosa que inspira sin imponer su voluntad tiránicamente, no tendrán perdón las que hagan un mal uso de esta libertad. El buen gusto, guiado por la sencillez, y el sentimiento intuitivo de la belleza, debe ser el faro que ilumine la elección de los vestidos para el verano. Si oímos decir que ésta ó aquella señora lleva tal ó cual toilette, no por eso hemos de asegurar que eso constituye la moda. Conviene observar y anotar todas esas fantasías para imprimir oportunamente en nuestros vestidos una nota origina! y discreta; pero es un error dejarse influir por lo que vemos, sin pensar que un traje admirable para unas personas, puede ser desastroso para otras de distintas facciones y figura. Lo que es innegable es que ahora más que nunca hace falta el concurso de la propia imaginación y del sentido artístico. Esto será para algunas un gran atractivo, puesto que las permite lucir su exquisito gusto; pero para muchas es el mayor de los conflictos, y para el público en general, un espectáculo de Carnaval perpetuo. Los vestidos de lingerie tienen un encanto particular. Su fragilidad constituye por sí sola una nota de lujo. Los de batista blanca ó de color liso son los más prácticos para las primeras horas de la mañana alternando con los de hilo; para más tarde es indispensable tener alguno de batista estampada. Son la novedad de este año y merecen un elogio sincero por lo bonito del tejido, que parece seda, y por la delicadeza de sus dibujos. Además, tienen la ventaja de no necesitar adornos, porque su pro- pia cenefa basta para hacerlos muy monamente. Después vienen los que por su hechura y la calidad de sus adornos figuran en la categoría de los vestidos de seda ó gasa, sirviendo para fiestas de tarde y aun de noche si éstas permiten llevar sombrero. Como creo que estas toilettes merecen una des- cripción detenida y hoy no tengo espacio suficiente, prefiero dejarlo para la próxima crónica, porque creo que á mis amables lectoras les gustará tener una explicación detallada de estos vestidos, que, para mi modesta opinión, son de una elegancia sin límites. CONDESA D A R M O N V I L L E MME. DE MAINTENON Y LA EDUCACIÓN DE LA MUJER oliére creía que una mujer debía tener nociones de todo, sin profundizar nada. Fenelón no se contentaba con tan poco; su opinión era mucho más favorable á la mujer, juzgando sus facultades intelectuales; comprendía mejor su misión en el hogar y en la sociedad. L a s mujeres- -escribe enérgicamente- -están encargadas de la educación de sus hijos: de los chicos hasta cierta edad, y de las niñas hasta que se casan. La mala educación de las mujeres es mucho más perju. dicial que la del hombre, porque, generalmente, las faltas de los hombres tienen por origen la mala educación que les dieron sus madres En Junio de 1686, Mme. de Maintcnon fundaba Saint- Cyr y se convertía en directora, con la misma facilidad que se había hecho consejera del Rej No se trataba solamente de sentar principios ó máximas; se trataba de ponerlos en práctica. Todo el mundo sabe cómo se dedicó á su fundación y lo que la benefició hasta su muerte. La educación de Saint- Cyr representaba un progreso real y positivo, cuyo fundamento se reducía 3, un perfecto equilibrio, mucho sentido común y una piedad profunda. Las educandas aprendían todo lo concerniente al manejo de la casa, trabajos manuales, y el más refinado gastrónomo hubiese gozado probando las comidas que ellas mismas hacían; pero esto no era obstáculo para enseñarlas también historia, geografía, música, gramática, literatura, etc. etc. sin descuidar la cultura exterior, habituándolas á colocarse bien, á moverse con distinción y adquirir esa gracia especial que no es incompatible con la modestia. Este programa es ciertamente una reacción contra las teorías de Moliere, es un retroceso hacia la elegancia del Hotel de Rambouillet; pero, al mismo tiempo, es tm paso valiente y gigantesco hacia la educación casera, tan preconizada en nuestros días. Allí hizo su aparición la higiene, que conserva la salud y desarrolla la belleza, y gracias á la feliz idea de confiar el cuidado de las pequeñas á las -5 673-