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-Por tní... No acababa de hablar y ya Cirineo, ágil como una ardilla, se encontraba a su lado- -Aquí me tie usté. ¿Pero qué jase usté con mis tiestos, mal ange? -Ponerlos lejiíos r a que no se me distraiga usté, porque tengo que jablarla de cosas muy serias. Y dígame usté, ¿pa qué tiene usté la guitarra? -Pa acompasarle á usté los tientos, porque supongo que saldrá usté por campos santos. -Óigame y no la extrañe que me acerque asín á su oído... porque la cosa se las trae. ¡Vaya por Dios! Empiece usté. -i Angustias... ¡No me mire usté, porc ue yo no puedo empezar si no la nombro á usté ó á la presona que me escucha... Ls el primer paso, y aluego me voy sosegaíto y firme á lo mío. Tengo salú, caudal no tengo, pero estas manazas que us; é ve han dao más frutos que toos esos campos, y no me venga usté con que si están abonas ó no, que ando á caza del chiste, y éste, por mi mare que se le despanzurrao -Se equivoca usté por la mita, porque estaba escuchándole con muchísimo gusto. -Pues de corrió, y dejando escapar too el fuego del. querer que me abrasa, la diré que esto del queré es lo mismo que una cucaña... ¡si no se deside usté, no coge nunca el taleguillo! ¡Hijo, me sofoca usté con las comparaciones! -Son las horas que pasan tósigos pa mí, porque me envenena el estar separao de ese cuerpo, que es una obra de E, posición universal. ¡Créame usté! ¡Yo la necesito como la luz der día, como el aire generoso, que es una dádiva der sielo! ¡Sólito estoy en er mundo (y no es tiento) y mi alegría se va como el sol que nos deja, porque mi alegría es usté, Angustias, y disiendo su nombre pongo en mis labios colgaduras de gala, como si juera á pasar Dios! ¡Por lo que usté más quiera, tengasté compasión de estas penas mías, ca ves más jondas, porque escarban en ellas los selos, y suerte usté prenda de si podré esperar que usté me diga... lo que viene ar caso... siendo güeno lo que venga ar caso! Cirineo iba acercándose, con danzas de luz en los ojos, y ella permanecía seria, callada y algo ruborosa, con algo de sobresalto en la actitud y las manos sobre el bruñido astil de la guitarra. ¡No dise usté ni pío, como los pájaros que pasan! prosiguió Cirineo, en tono de suave reprcxihe. -j Cállese usté, que es lo mismo que si me estuviera asesinando! -i Por el amorsito de Dios! ¡Por su mare de usté... ¡Son u. stés tan recondenaos... -No se acuerde usté de su difunto. -No, si no me acuerdo... Es que... -i Suerte usté la palabra! -Es que yo, la verdá, aunque soy joven toavía, no quisiera andar tonteando, porque la mujé pierde, aunque ustés crean otra cosa, señor Cirineo, y al fin y al cabo, nadie podría decir ni esto de mi persona y una tiene honra y hay que conservarla, y es lo sierlo y seguro que ya no pue haber aquello de ir por los jardines con sartas de amigas, llevando detrás á un Cirineo- -y usté perdone, -ni lo otro de jablar por la reja entre los dondiegos y las campanillitas azules, sino lo de tomar rumbo pa la igre. ria derechitos y como Dios manda. ¡Si en eso estoy, prenda! -Y ahora, ¡vamos á v -r! ¿Usté cómo figura en la partida bautismal? -Como hijo de Juan y María- ¿Y el apellío? -Porcuna. ¡Juan Porcuna! Tiusté nombre de arcalde e barrio. ¡Listo, á encargase los papeles! -Pero... ¿aónde y á quién se los pido? -A su mujé ó á su chico mayor, ¡so piaso e granuja! ¡Cirineo de cruces ajenas! ¿Pero qué se ha creío usté? -gritó la real moza. Y antes de que el mal hombre tomara el vuelo, alzó la guitarra con tales y tan hombrunos bríos, y con tanta fuerza y rapidez la descargó sobre la cabeza del belitre, que éste, atolondrado y maltrecho, no se había dado cuenta del primer golpe cuando ya tenía encima el segundo. Saltó, pues, vivamente al otro lado del barandal, temeroso del escándalo y de algo peor si ella gritaba, y ya de lejos, como muchacho que burla el, castigo, volvió la cara y enseñó los blancos dientes, como chacal con hambre, diciendo algo turbio que debió sonar á maldición. ¡A aya con Dios, esarrapao! -volvió á gritar Angustias. ¡Vayasté con Dios, y no abra usté la boca, que paese una bombilla eléctrica! Quedóse riendo la muchacha con ri. sa de llanto quedóse la guitarra nueva hecha astillas, y debajo, y pegadita al muro, una escalaiilla abandonada que llevaba cobre el hombro esmirriado un calderillo con pintura. LEOPOLDO LÓPEZ DE SAA Dibujo de Muñoz t u c e n a 5 6 7 8-