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gría no tu o límites al encontrar en el cesto donde dcrmia tres perritos preciosos, que, con los ojos medio cerrados, se movían torpemente. Su primer cuidado fué enseñarlos á andar, para lo cual los cogió uno á uno muy despacio y los puso en el suelo, empujándolos suavemente con una patita y animándoles con cariñosos ladridos pero eran un poco torpes, y convenciéndose de que no teñían gana de jugar, los volvió á colocar en el cesto y se sentó al lado de la puerta, esperando que alguien la abriese. Estaba deseando comunicar la fausta nueva á Zapaquilda. A las ocho entró un criado en el cuarto para hacer la limpieza, y Chispa salió corriendo en busca de su compañera; fué á la cocina, subió al desván, bajó al sótano, saltó por una ventana al jardín, llegó hasta la huerta; todo inútil, la gata no estaba por ninguna parte. Cansada de dar vueltas, pensó que lo mejor era esperar á la hora de comer; entonces seguramente volvería á buscar su ración, y podría presentarle á sus cachorritos. Subió de nuevo á su cuarto, y cuál no sería la sorpresa de Chispa al ver que no estaban en el cesto los perritos. Vaya- -se dijo, -se han cansado de esperarme, y Dios sabe dónde estarán, porque no conocen la casa, y como son tan chiquitos quizá se hayan perdido. Con el hocico pegado al suelo dio la vuelta al cuarto, olfateando por todos los rincones; pero segura de que la escalera no podían haberla bajado, recorrió todas las habitaciones del piso donde estaba su cesto, y luego, temiendo alguna desgracia, se sentó en el pasillo aullando con voz lastimera. La cocinera, mujer de mal genio que tenía poca afición á los animales, salió furiosa con la escoba en la mano á pegar á Chispa; pero afortunadaímente en aquel momento subía Carlitos llorando, y al ver á la perra, exclamó sentándose en el suelo y colmándola de caricias: -Pobrecita mía; ven aquí, no hagas caso á estas gentes que son muy malas y no comprenden tu pena; yo sí, y por eso lloro contigo. He hecho todo lo posible para salvar á tus hijos; pero no me han querido hacer caso. ¡Tanto como nos hubiéramos divertido jugando con ellos! Cuando el jardinero vino á buscarlos, yo me puse delante del cesto para que no los cogiera, y le supliqué que los dejara; pero riéndose, me decía: N o seas tonto, si ahora no sienten nada. Los puso en su blusa y bajó al jardín; yo fui detrás, y al ver que los iba á echar al estanque, me puse furioso, y azuzando á León, que tumbado al sol nos miraba sin conmoverse, le grité: Anda, muérdele antes que los tire. No me hizo caso, se levantó moviendo la cola, puso las orejas derechas, y se acercó al estanque; pero sin morderle. Si vieras, Chispita mía, qué pena tan grande senContinuará. -528- BL C L A V E L ROJO I. Vanidoso y vagabundo era en extremo Facundo. 2. El dinero que tenía lo echaba á la Lotería. y S HKZ ín IMi OlUlt JHUII yt 11 i 1 1 1 L -k Li 3. Aunque era chatungo y feo, tuvo suerte en el sorteo. j j v u ¡I) V -w- m 4. Y un día, que fué el mejor, atrapó d premio mayor. 2 i 6. En el expreso del Norte hizo el viaje hasta la corte. -231- 5. Así, su primera idea fué marcharse de la aldea. Continuará-