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La sala de banderas. go se penetra en sus vanados departamentos de colosales dimensiones, de innumerables estalactitas y estalácmitas, que por su rareza como por su número y tamaño, sorprenden al visitante. J n a de ellas, llamada La reina de las estalactitas, mide veintiséis metros de elevación, siendo de relativa delgadez y ricos detalles. De la bóveda, que en algunos sitios está á más de treinta metros de alto, penden caprichosísimas rocas, y entre el enjambre de puntiagudas estalactitas, que parecen amenazar trágicamente al turista, se desprende el agua cristalina y transparente, gota á gota, con rítmica pausa. I. a sala de banderas es muy digna de visitarse con alguna detención por la forma que afectan allí las estalactitas. El salón de columnas y otros rincones son no menos notables, y todo en. conjunto justifica sobradamente un viaje hecho á la isla por sólo admirar las Cuevas de Arta. La obscuridad del antro, que obliga á proveerse de alumbrado supletorio artificial, le resta belleza y hace pasen desapercibidos mil preciosos detalles. De ahí también el que no puedan dar más que una pobre idea las fotografías al magnesio hechas por un mnaleur de la localidad. Pero á fin de que los lectores de BLANCO Y NEGRO puedan conocer algo de dichas grutas, les ofrecemos estas páginas e n e l presente número. C. S. C. Fots. Jaime Sánelo.