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Claros surtidores en frescos jardines, que liab ais entre flores- -rosas 3- jaznn iies- -baladas de amores; aguas transparentes de las blancas fuentes, claros miradores de los ruiseñores. Lenguas de las fuentes, lenguas melodiosas que iiablais un idioma de amor peregrino y expresáis sutiles, inefables cosas al rumor de vuestro caudal cristalino. Voz de los jardines, cantar del paisaje, palabra de encanto de la soledad, emoción que brota de vuestro lenguaje tan limo de espíritu y de suavidad, i Oh, las mañanitas en los parques viejos, ias amantes citas y las dulces cuitas junto á ¡os espejos de las aguas quietas, donde las siluetas dejan sus reflejos! Ojos, como el agua de azules y claros, que junto á vosotras lloraron su mal, ¿cómo pueden, fuentes, jamás olvidaros si ellos fueron dulces fuentes de cristal que lloraron penas de amores sin pena, y luego entre dulces lágrimas rieron? ¡Agua de as fuentes, que tan grata suena í ¡Ojos oue llorasteis amores que fueron Sonoros cristales. azules y tersos, de ritmos iguales lo mismo que versos tesoro de plata que al sol es de oro; surtidor sonoro que el plumón desats de su azul tesoro. ¡Oh, frescos jardines en claras mañanas, cuando los idilios gozan su ilusión mientras dulcemente gimen las fontanas donde late el agua como un corazón! i Oh, nobles vergeles, oh, bellos instantes de almas que se trenzan en un mismo ensueñ en tanto despliega su hilo de diamantes de los surtidores el airón risueño! Las espumas nievan copos de azahares y las ondas llevan floridos cantares. Y en la taza vieja de piedra labrada el agua se espeja, é inmóvil semeja que duerme encantada. En las mañanitas, que al aire deslíen el complejo aroma de sus mil olores, las blancas fontanas parece que ríen, con la alegre risa de los surtidores. Y cuando las luces últimas expiran y caen las primeras penumbras moradas, parece que lloran, rezan y suspiran por cosas del mundo, perdidas y amadas... Alma de las fuentes, esencia escondida que canta á la vida con labios rientes, ó llora con una pena de mujer la hora sin fortuna y el muerto placer. Alma de las fuentes, voz de los jardines que, cuando la noche desciende, se apaga y al perder su casto blancor los jazmines en un ran silencio el parqué se embriaga. Quiébrase el penacho de los surtidores, las fuentes se quedan mudas y dormidas, y muertas parecen, que en breves amores y en risas y juegos, se fueron sus vidas... J. ORTIZ D E P I N E D O i 33 0 E K iJsS