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mTm En m (smn PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE 1 PARÍS MIÉRCOLES 5 DE JULIO ¡TODO POR LA MODA! o que voy á referir á las amables lectoras de esta sección es completamente exacto. Llago esta salvedad porc ue mi relato pudiera parecer algo fantástico; pero para predisponer el ánimo á la credulidad sincera, conviene recordar q u e hay cuentos que parecen verdad y verdades que parecen cuentos Ahora, convencida de que no dudarán de la veracidad de mi historia, voy á contarles las peripecias ocurridas á una encantadora muchacha, víctima de su inexperiencia. Vivía en... una provincia de España, de donde nunca había salido. Hija única y, por consiguiente, mimadísima por sus padres, que disfrutaban de una gran posición metálica, A u r o r a (la llamaremos así para facilitar el relato) indicó su deseo de venir á Madrid para asistir al Congreso Eucarístico, é inmediatamente se decidió complacerla. Durante un mes, la única ocupación de toda la familia se redujo á preparar el equipaje de A u r o r i t a pero cuando sólo faltaban diez días para emprender su viaje, se le ocurre á la hija del gobernador decirla que en Madrid se iban á reír de sus vestidos. La pobre, desconsoladísima, pensó renunciar á su deseo, cuando la gobernadora tuvo una feliz ocurrencia: ¿P o r qué no encargas dos vestidos á P a r í s? dijo. Como el náufrago se agarra á una tabla, así acogió nuestra congresista la solución del conflicto, y de acuerdo con sus padres se telegrafió á la capital francesa enviando las medidas y encargando dos toilettes, que, para ganar tiempo, serían remitidas directamente á la casa de huéspedes que en Madrid les reservaba habitaciones. El día 25 por la mañana llegaron padre é hija á nuestra coronada villa, y desde la estación del iNlediodía se dirigieron en un cochecillo á su alojamiento. La muchacha, soñando con sus vestidos, no prestaba atención á nada de lo que veía, condoliéndose del estado decrépito del caballo, que no le permitía correr un poco más. Pero lo triste, lo terrible para ella, fué que la tan deseada caja no había llegado. Los telegramas se sucedieron sin interrupción, hasta que llegó uno prometiendo que el día 29 recibiría su encargo fijamente. A u r o r a se resignó á pasar en el salón los cuatro días que faltaban para la fecha fijada por la modista, sin poner el pie en la calle más que para ir á misa muy tempranito. -4 5 6 7 8- I OS taiUeurs son encantadores. La mayoría tienen la chaqueta corta; iJcro, sin emoargo, se trata de hacer algunos ensayos de chaquetas muy largas por detrás. Los taiUeurs de mañana son, como siempre, sjncillísimos, y los más elegantes se inspiran en 1; moda inglesa. Los de hilo siguen distinguiéndose por los contrastes violentos de color. Uno, rosa, tiene las solapas y el cuello azul obscuro; el blanco se adorna con un tono cereza fuerte, y el celeste, con verde reseda. El color naranja está admitido en todo género de complicaciones. Además de los géneros de hilo hay una nueva tela, igualmente fresca porqu se separa; pero con la ventaja sobre aquéllos de ser de lana, y, por lo tanto, muy conveniente en esta estación, que estamos sufriendo unos cambios tan bruscos como anormaler de temoeratura. También se usa mucho para vestido de mañana el terciopelo tennis, blcii. co, con rayitas muy mcnudas negras ó azul m a r i r o Creo que esto es un perfecto contrasentido. Los terciopelos han sido siempre telas de mucho vestir, y la raya tennis no lo es en absoluto. Esto sin tener en cuenta que es muy caliente para verano. Las blusas conservan siempre la gasa lisa sobre encajes y bordados. Las de forma llamada de camisa suelen ser de céfirn ó batista; las otras se hacen con mucho oro y plata mezclado con pasamanería de colores vivos, atenuando el conjunto bajo el tono suave de una gasa, no demasiado transparente. El lujo de los zapatos se ha desarrollado de un modo alarmante. U n a elegante que tuvo la amabilidad de enseñarme su guardarropa, me hizo notar que cada vestido tenía sus zapatos en perfecta armonía con el color de ac uél. Una toilette de jerga blanca con raso cereza tenía sus zapatos de gamuza blanca con el tacón y el lazo de cabritilla cereza. El triunfo está siendo de los sombreros grandes completamente blancos; ya se deciden á separarse de la nota triste que imprime lo negro. Las plumas espléndidas y desrizadas son su único adorno. Los pequeños, con cierta tendencia á recordar los sombreros flamencos; me refero á los que u aban en Fl andes en la época de la dominación española. Son muy monos y sientan á las mil maravillas. LA CONDESA D A R M O K V I L L E