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del timón y una loba gigantesca saltó por encima de los escálamos... El Terne, mudo, tiritaba de miedo. Al vibrar la última campanada de la media noche la lechuza dejóse caer sobre la escotilla, y diciendo -i La hora ha sonado, hermanas! -se convirtió en la mismísima Bonuca. -Hermanas, ya es la hora- -dijo el murciélago, y se volvió la Emperadora en persona. ¡La hora! -añadió el gato, y surgió la Sacristana; y- ¡La hora! -contestó la loba, transformándose en la propia Rézmila. En el mismo momento soltáronse las amarras de la barca, y ésta, deslizándose por la suave pendiente de ¡a arena, se lanzó al mar. Encendieron las cuatro brujas- ¡bien las conoció el Teme! -un pequeño anafe, en el cual arrojaron unos polvos que, al arder, produjeron un hedor infernal y una densa humareda, y, enlazándose las cuatro viejas de las manos, comenzaron á danzar en torno del fuego mientras cantaban; Por nuestro Rey, por nuestro amo, ¡que soplen los vientos que necesitamos! Por nuestro amo, por nuestro señor, ¡que corte las aguas nuestra embarcación... i Y aquello fué un rayo, pues la barca, resbalando sobre la espuma de las aguas, qu comenzaron á hervir, y empujada ó absorbida por una fuerza irresistible, ijartió como una exhalación mar adentro, devorando millas y millas, cual si en alas del pensamiento caminase... -i La línea, hermanas! -dijeron á poco las cuatro hechiceras. -Lana de mis vestidos: ¡lejos de mí pelos de animales I- -Lienzo de mis ropas: ¡lejos de mí las fibras de las plantas! -Clavos de mis zapatos: ¡lejos de mí los metales de la tierra... -i i Sobre los tres reinos de la Naturaleza impere el reino Nuestro Señor... Y desnudándose rápidas, ofrecieron á los besos de la luna los nácares de sus cuerpos de hermosísimas doncellas, tan hermosas, que jamás el Terne había visto, ni en pintura, bellezas tales... ¡Ni aun la de la propia Serenita de la mar, de feliz recordación... I En menos tiempo del que se emplea en contarlo llegó la barca al otro cabo del mundo, y al acercarse á la costa adoptaron las brujas su disfraz de animales: voló blandamente la lechuza, revoloteó el murciélago, dio un salto gigantesco el gato, arrojóse al agua la loba, y todas juntas tomaron tierra y desaparecieron por los cantiles de la costa. Aunque parezca mentira, no se le fué por alto al Terne el sitio donde se encontraba, que bien conocía él todos los litorales del mundo, y aquel más y mejor que otros; que ciento mil veces habíalo visitado: hallábase en América, en la América del Sur, cerca de las bocas del Plata, á pocas millas de Buenos Aires. No tardaron en regresar las brujas, asal; ando la barca, repitiéndose la operación del conjuro á las aguas y á los vientos, la transmutación de las alimañas en viejas y la de éstas en jóvenes hermosísimas, al repasar la línea en el rápido viaje de regreso; y al cruzar el trópico, empezaron las magas á vestirse sus andrajos correspondientes aprisa, aprisa, pues ya sé vislumbraba la cercana playa del pueblo... No les dio tiempo el Terne de llegar á ella, ni aun de acabar de ponerse sus ropas, pues á pocas brazas de la orilla presentóse ante ellas el marinero de improviso, y, lanzando una gran voz y haciendo la señal de la cruz, las roció con agua de la mar, aguas benditas, exclamando: -i Arreniego, Satanás! Con lo cual las hechiceras, trocadas súbitamente en los animales ya mencionados, huyeron despavorí- das cuando ya la barca se encallaba en la arena. ¡Dos horas, solamente dos horas se habían inver tido en el viaje! i Y sabéis por qué se supo que eran ellas, la Rézmila, la Bonuca, la Sacristana y la Emperadora, las cuatro brujas de la barca? Porque, con el susto, olvidáronse á bordo los de- lantales... Sí, los delantales; no puedo yo decir que fueron las cédulas de vecindad ni las fes de bautismo las olvidadas, porque fueron los delantales los olvidados, y por ellos se las descubrió aquella misma mañana, cuando el alcalde, con los ministriles, fué á prenderlas... Y cayeron las cuatro y á la Inquisición fueren á dar cuenta de sus brujerías y de sus artes infernales... sabéis cómo demostró el Terne que realmente había estado con ellas en Buenos Aires aquella noche? Pues mostrando una rama fresca y recién cortada de una planta de por allá que, le dicen mate, y que él recogió como prenda y testimonio mientras las brujas hacían de las suyas por aquellas tierras... Y no os riáis, hijos, ni toméis esto á broma, que la rama aún la podéis ver en la iglesia, en el altar del Arcángel San Miguel, patrón del pueblo y vencedor del Demonio... Lector mío: juzga este cuento como quieras; pero en él hay vaharadas del trébol de mis prados, del romero y del tomillo de mis montañas, de la acre brisa de mis playas, del heno seco de los pajares de mi aldea, del lienzo, perfumado por eí membrillo, de los armarios de mi casa, del picante humo de las cocinas de mi pueblo... Por esto te lo he contado... VICENTE DIEZ DE TEJADA. Bibujo de Méndez Bringa -3 4 5 6 7 S-