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KDT S TAlíie Movió bien él parche; los anuncios de mano, en los que con letras muy grandes sé leía: Espectáculo nunca viáto. Lucha de un mono con uii toro bravo. Lo más sensacional que se ha visto hasta el día y otros excitantes por el estilo, circularon profusamente, y como además se ofrecía la lidia de dos novillos por toreros de Madrid, no hay que decir si la gente se calentó. La entrada costaba muy barata, y unos por pasar el rato, y los más infelices por creer de buena fe en la lucha del mono con el toro, el hecho fué que casi se le llenó la plaza. El número sensacional lo colocó nuestro hombre entre la lidia del primero y segundo novillos. Los toreros (vamos al decir) pasaron lo suyo con el primer novillo, llegó el fatal momento. En el centro de la plaza se había colocado una gran jaula de hierro, y en ella se soltó primeramente al mono. Este comenzó a dar saltos y hacer pi- ruetas, comiendo algunos mendrugos que le echaban de los tendidos, y en esto se pasó el tiempo mientras sacaron rodando un cajón de encerradero con el toro. Los espectadores contuvieron s u s gritos esperando la emoción de la lucha, y en cuanto penetró el cornúpeto en el jaulón, el mónó trepó, se agarró á los hierros más altos y no hubo medio de hacerle que se moviera de allí. El toro dio unos cuantos resoplidos, miró al mono y se convenció de que no había enemigo. También se convenció de ello el público, y armó una gritería de las que hacen humd. -i Ladrones! ¡Embusteros! ¡Que nos devuelvan el dinero! ¡Pillos! Estos eran los más suaves apostrofes de la indignada concurrencia. La autoridad no sabía qué hacer y obligó al empresario á que diera una satisfacción al público. No se inmutó el hombre, pues comprendió que para las ocasiones eran los grandes recursos, y bajó al ruedo. Con los brazos en cruz solicitó un momento de silencio, y dijo: -Pero, ¿qué es lo que pedís? ¿Qué querís que Thaga yo? No seáis, nióstillos. Ahí está el toro; ahí está el mono tamién. Si ellos no quien, riñir, ¿qué li voy yo á hacer? Los que conocían al individuo rieron la gracia, y los demás se conven, cieron de que nada se podía hacer, y así acabó la lucha, en la que, por lo inenos, no faltó el mico que desde luego se propuso el organizador llevándose unas pesetas. Esto, que parece cuento, es una historia según hemos oído contar á quien dice que lo sabe de buena tinta. ÁLBUM BIOGRÁFICO JOSÉ M A R T I E Z (PITO) I J n inválido del toreo que pudo to rear algunos años más de los que toreó, y; al que apenas recuerda ya nadie, sobre todo, entre los aficionados de la nueva generación. Fué bueno. Para las pocas facultades que ti vn casi cumplió con ex- cesó, püeS, a pesar dé ser chiquitín y de una constitución poco fuerte, no pocos días íe vimos llegar á í a cara de los toros y parar, con alma al clavar los palos. Pocos años más joven que aquella pléyade de buenos y excelentes, banderilleros y ribvillerqs que se llamaron Régaterin, Valentín, Ostión, Joseíto, Galindo, Mateíto, tc, con ellos trabajó nn oocas veces y se hizo W 1 ahMj j José Martínez (Pito)