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IPS TOROS NOTAS TAURINAS HISTORIAS NOVELESCAS EL MICO, DE ÜNALÜCM omo lo hemos oído contar ío con tamos, y creemos que, en fecto, el hecho ha sucedido, pues cosas más gordas suceden por esas plazas de toros, en las que en ocasiones se explica la indignación de los públicos contra los explotadores sin conciencia, -á ve- aplicado para cosas verdaderamente útiles, sc. notabilidades en cualquiera de las esteras de la vida á que se dedicaran con verdadera fe, seriedad y entusiasmo. Pero nuestro hombre lo derrochaba en cosas de poca monta, qiie, á lo sumo, le resolvían el problema de la vida para una semana, no sin exponerse á que le dieran un disgusto los indignados concurrentes al espectáculo. Era una especialidad para organi- A fuerza de discurrir se le ocurrió un día la idea de anunciar la lucha de un toro bravo con un mono. Poco le podía costar el alquiler de uno de los muchos simios que llevan los húngaros ó servios vagabundos que andan por esos mundos de DioSj haciéndoles bailar al son del ronco pandero. De toro para luchar no había que preocuparse, pues como empresario de gran fuste que era para tales fes- ees con trazas de infelices, que discurren más que M n para sacar unas pesetas al siempre candido Juan Paga. En una importante población aragonesa vivía un individuo de esos á quienes sobra el ingenio, que, bien zar festejos taurinos, mezcla de novillada y mojiganga, y en ocasiones se le ocurrían cosas que levantaban al público y llenaban las plazas, aunque, luego las protestas llegasen á infundirle verdadero pavor. tejos, no le faltaban nunca acreditadas ganaderías de donde surtirse. Agarró bien en su cerebro la idea y se propuso realizarla, lo antes posible, para embolsar unas pesetas qu consideraba segurísimas.