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ESPAÑA PINTORESCA LA CRUZ Y CASTILLO DE CARAYACA Vista general tle la ciudad de Carayaca. Q obre una vega serpen teada p o r arroyuelos de cristalinas aguas q u e riegan bancales en que crece el trigo, la cebada, el panizo y e l miio; entre parcelas oobladas de hermosos olivares, de árboles de todas clases de frutos y de campos de productora vid; por encima de los jardines, llamados de Aranjuez, estancia de recreo y diversión de reye z u e 1 o s árabes, y bajo un cielo intensamente azul, se eleva la ciudad y el castillo famoso de Caravaca, en cuya capilla, desde el reinado de Zeyt Abuceyt, se venera la cruz que en el más solemne momento de la misa se apareció, en I232, al misionero Chirinos y á toda la curiosa corte del Monarca musulmán. Se asienta la fortaleza en el más alto montecillo que mira á Oriente, y es vetusta, severa y rave y de varia construcción, porque e n ella pusieron sus manos las civilizaciones med i oevales que imperaron en España. De sus murallas, capaces para toda defensa c o n toda clase de armas, sobresalen 17 torres cilín dricas cimeradas por almenas vulgares, destacan dose entre todas 1 a d e Poniente, que e s d e arte moro. Está t a n hábilmente trazada, que para dar agua á los que batallen d e s d e ella h a y t r e s magnílicos al j ibes, teniendo dos d e ellos cuatro Sitio llamado de Aratjjncz. Casa de los Templarlos, arqueadas naves y g r a n prc- En el interior e isten hasta nueve edifi uos, si bien en lo antiguo fueron más en número y grandeza, según acusan las ruinas que se descubren; pasada la puerta, á mano izquierda, se divisa la Ermita, parroquia cuando los árabes granadinos infestaban 1 a tierra, d o n d e se guardaba hasta el siglo xvii el santo símbolo de la religión, y que hoy se custodia bajo los arcos del nuevo templo, que á la derecha de la anterior construyó la fe de los murcianos y la piedad de los españoles. En el mes de Mayo, en los días que la Iglesia conmemora la Invención de la Cruz, la comarca entera, regocijada y llena de fiesta, la hace con solemne culto, á la que es su mejor tesoro, celebrando alguna tan típica como la de la bendición del vino y el agua. La primera se realiza el 2 del mes de las flores, en la capilla del castillo y ant e u n a muchedumbre que viene de todas partes el capellán bendice e l q u e llena labrados jarros de plata, y en ellos sumerge el signo de la redención, distribuyendo después el líquido entre los asistentes. La siguiente se verifica el d í a 3, al término d e una p r o c e sión que, partiendo d é l a iglesia, desciende hasta el templete de piedra que hay en el llano junto al humilladero, y allí, entre cantos