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r -f- -r LAS VERDADJDS AIViÁRG- Ái i Hay quien dice que eS oro tu cabello, que son tus dientes perlas orientales, tu diminuto pie capadlo helio y que tienes por labios dos corales: que envuelven entre rayos á quien miras esos tus pardos ojos de gacela, y yo digo, escucliando estas mentiras: Eso... i que se lo cuenten á mi abuela! Dime: ¿si esos cabellos que tú adoras contuviesen del oro la riqueza, piensas, encanto mió, que á estas horas tendrías uno solo en la cabeza? De que los tengas todos yo me alegro; pero me duele ver cómo te embroman sabiendo que tu pelo ha sido negro, y, sjn que lo comprendas, te lo toman. Ni tus dientes son perlas orientales, ni son más verdaderos que tus rizos: lo sé por tu dentista, por Morales, el mismo que te puso dos postizos. El llamar á tu pie capullo suave es, más que adulación, impertinencia: es tu pie lo más duro que en pie cabe, eso sí que lo sé por experiencia. ¿Te acuerdas, cuando yo te iba siguiendc y entraba en todas partes donde entrabas, qué pisotón me diste tan tremendo aquel día al salir de Calatravas? Desde entonces, mi bien, al verte huyo, diciendo al ver tu pie de madrileña: Ese grano de anís, ese capullo, es más duro que piedra berroqueña. No llores, ni te aflijas, ni te enfades, que te pones muy fea si suspiras; bien dijo Campoamor ¡que las verdades son amargas y dulces las mentiras! Amargas como dijo el gran poeta; cuántas veces recuerdo que, de chico, hasta los guardias me llamaban ¡rico! i y en mi vida he tenido una... peseta! L U I S F E R N A N D E Z VICUÑA. De nuestro Concurso. I, ema: Ariea K