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El luerte y rudo guerrero sintióse vencido por la dulzura de la bella mujer. Desde que esta doncella entró en el castillo de Nembro, operóse un cambio sorprendente en las costumbres y en la conducta de Rosendo. Desde entonces no hubo más violencias ni más saqueos por las cercanías. El mercader pasaba en paz ante el puente levadiz o el batelero remaba sin temor á lo largo de la fortaleza. La voz acariciante de Moraima (que tal era el nombre de la doncella raptada) había decidido al caballero á m u d a r de vida. ¡Tal es el poder del amor, aun sobr: los corazones ásperos y empedernidos... El castillo de Nembro, antes asilo de facinerosos, se había convertido en un refugio de paz y de castos goces. Los salvajes guerreros, ávidos de botín y de despotismo, que allí se congregaban, fuéronse dispersando poco á poco. Desde que la calma se había hospedado en el castillo de Nembro, la puerta se cerró á los forajidos y al fruto Je sus depredaciones. Así lo había suplicado Moraima, y Rosendo la adoraba como se adora la belleza unida á la virtud. Pero esta apacible felicidaa no había de durar mucho tiempo. U n año después, Moraima murió al dar á luz una hija. L a pérdida de esta adorada mujer sumergió al caballero en una taciturna melancolía cjue de eneró poco á poco en misantropía triste. L a hija que había costado á su madre el sacrificio de la vida le consolaba ixn poco recordándole su pasada felicidad y decidióse á consagrar el resto de sus días á la educación de su hija adorada. Zulima era el nombre de la niña, que muy pronto creció y se desarrolló, desplegando las cualidades nobilísimas que había heredado de su noble madre, como una tierna flor despliega poco á poco su soberbia corola. A pesar del aisla. micnto sombrío en que se había encerrado Rosendo, el tesoro escondido en Nembro fué descubierto 3, penas Zulima cumplió los quince años y el renombre de sus encantos se propagó más allá de las fronteras de la comarca; porque el caballero no había podido rehusar la hospitalidad á los viandantes extenuados de fatiga ni á los piadosos peregrinos ciue caminaban hacia Santiago de Composíela y hacían un alto al pie de la montaña de Nembro. Muchos caballeros de la nobleza cántabra hicieron excursiones al castillo de Nembro con la pcrs pj 2 ctiva de un matrimonio doblemente afortunado por los encantos de la doncella y por las inmensas riquezas del padre. A fin de deshacerse de visitantes importunos y galanes obsequiosos, cuyo número aumentaba de día en día, el señor de Nembro decidió convocar á todos á un torneo, al cual había de asistir Zulima. L a mano de la hermosa niña sería el premio del campeón más valiente. El número de galanes que tomaron parte en el torneo fué considerable; el magnífico séquito y laa armaduras brillantes realzaban el esplendor de la fiesta; sin embargo, Zulima pareció á todo el mundo el mejor ornamento de esa fiesta; por ella entraron en lid tantos noDlcs, mientras la gentil niña, en unión de su padre, desde lo alto de una balconada, seguía las peripecias del torneo. Entre los caballeros presentes distinguiéronse Ambrosio de Berdicio y Tomás de Viroña. El último era propietario de la torre de Viroña, situada á poca distancia del castillo de Nembro. Los dos caballeros eran igualmente célebres por sü bravura y por sus riquezas. Si por tina parte T o más de Viroña, más joven que su adversario, tenía las ventajas de una educación más esmerada y de un corazón más noble, por otra parte el rudo Ambrosio preponderaba sobre él por sus riquezas y sus dominios extensos. Estimulado por la codicia, Rosendo deseaba que Ambrosio lograse la victoria, mientras que Zulima sentía una secreta in cUnación hacia el amable T o m á s la caprichosa diosa F o r t u n a acabó por decidirse en favor de aquel al cual el amor hubiese deseado arrebatar la palma de la victoria. Después ciue Tomás arrojó de la pista á todos los contrincantes, muchos de los cuales habían quedado tendidos en tierra, iiubo de ceder á las fuerzas superiores de su rival, y Rosendo saludó alegremente á Ambrosio, su futuro yerno. Ni las lágrimas ni las súplicas de Zulima hicieron vacilar á Rosendo en su resolución inquebrantable. Vino, pues, el día fijado para la celebración de la boda. ZuKma, pálida, con los ojos arrasados en lágrimas, más se asemejaba, á pesar de su traje nupcial y de sus ricas preseas, á una condenada á muerte que á una feliz desposada. Mas, antes de sacrificarse á la voluntad inflexible de su padre, antes de ser llevada al altar, quiso pedir consuelo y aytida á la protectora de las doncellas dolientes y fué á prosternarse ante la reina de los cielos en la capilla del castillo. En el reclinatorio carmesí postrada, oró así ante la X irgen María: ¡Sin tu auxilio, madre mía, llena de gracia, estoy perdida para siempre; el dolor me m a t a r á! Protégeme, te lo suplico, preserva á tu hija de la desdicha c ue la amenaza. Cuando Ambrosio, impaciente, vino á suplicarla que se uniese al cortejo nupcial, la encontró prosternada en el polvo de las losas de la capilla, besando el suelo, llorosa y desmayada. Con aire tranquilo, maravillosamente confortada por la oración, la pobre niña se irguió y se enlazó al brazo del caballero que iba á ser su esposo. T r a s los vitrales de la capilla todavía dirigió una última mirada á las almenas de la torre de Vircña, desde donde la contemplaba Tomás con aire sombrío. Mandó que, para ir á la iglesia de Nembro, donde había de celebrarse la ceremonia nupcial, se le