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Al día siguiente se metió el tiempo en agua deciconmovió hondamente, el que esto escribe se encontró didamente, y las calles de la urbe tuvieron un alimaravillado de la asombrosa capacidad de Pancho ciente más que unir á los muchos que de ordinario Suárez, que en dos dias pensaba imponerse del prolas hacían intransitables: los charcos, unos charcos blema; esto llevó á mi alma unos gramos de escepticismo, porque ¿qué problemas son éstos que se estu- grandes como lagunas, inmensos como abismos de maldad. Pero el sociópata no se arredró: á las nueve dian y resuelven en cuarenta y ocho horas? se echó á la calle y pasó la mañana visitando los moLlegó el ilustre hombre, y, apenas se apeó del tren, numentos más notables de la población, entre los que fué conducido á la sala capitular del Ayuntamiento, estaban la casa del alcalde, edificio de construcción donde se le obsequió con un aguardiente de honor reciente, que ofrecía el raro mérito arquitectónico de para celebrar la bienvenida; eran las nueve de la estar construido con los adoquines cpe debieran pamañana: á las doce asistió á un banquete con que los vimentar las vías públicas, y que el Ayuntamiento hasociólogos de la localidad- -tres no más y uno de ellos bía pagado religiosamente. bizco- -festejaban á su compañero y maestro; á las tres asistió al tiro de pichón; á las cinco, á unas reA eso de las tres, y después del almuerzo, Suárez gatas que se celebraban en su honor, y á las nueve se recogió á sus habitaciones. Ha llegado el momende la noche marchó a! teatro, después de haber comito- -dijimos todos- -de que el sabio estudie: indudado, de siete á ocho y medía, en compañía del goberblemente se habrá aislado para formular in mente nador y de una pareja de la Guardia civil. En el las conclusiones que ha de elevar al Gobierno... Y teatro presenció la representación de Mar sin oricon esto, yo y otros espíritus inquietos, c ¡ue sentíallas- -obra muy á propósito para un pueblo que no ha mcc cierta curiosidad por ver cómo funciona un cevisto una gota de agua en cien años- -y pudo conrebro excelso cuando se aisla, pedimo. j permiso al vencerse de que la verdadera plaga y el terrible azodueño del hotel para mirar desde el pasillo, y por el te del país no era la sequía, sino aquellas compañías ojo de la llave, lo que el sabio hacía á solas con su inle cómicos que de vez en cuando se dejaban caer somensidad. bre la comarca, con un repertorio devastador y unas facultades interpretativas que producían en el público efectos de purgante. A la una de la madrugada se retiró al hotel en medio de una lluvia torrencial: la Naturakza se había apiadado de nosotros, y, enviándonos con el médico la medicina, habia roto sobre nuestra tierra unas cuantas ampollas de agua benéfica. I,o s que habíamos seguido con entusiasmo y ansiedad la jornada de Pancho Suárez, y le. habíamos visto durante todo ei ciía saltar de fiesta en banquete y de banquete en fiesta, como la mariposa de flor en fío nos preguntábamos, después de acompañarle hasta las puertas de su alojamiento: ¿A qué horas estudia este hombre? Miramos... y vimos á Pancho Suárez durmiendo como el más justo de los justos, y lanzando unos ronquidos que eran el contrapunto de la tormenta qye seguía en la calle. Aquella tarde, á las seis, salió Panchito para Madrid; dos días más tarde cayó en el lecho con un violentísimo ataque de reuma inframuscular, pescado en las calles de aquella ciudad levantina, donde la sequía era endémica y donde, por lo visto, no llueve más que cuando la visita un sociópata. Ploy dia Suárez se ha vuelto escéptico: del grupo de los grandes problemas sociales ha eliminado el de la sequía. ¡Imposible creer en ella después del ataque de reuma! Jo. AQuiN BELDA. Dibujos üe Medina Vera.